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LA ETICA DE LA POLITICA EN LA ADMINISTRACION PUBLICA

lunes, 05 de diciembre del 2011 a las 17:49
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  1. LA ÉTICA EN Y DE LA POLÍTICA

Aunque muchos afirman y así se constata, que la ética está de moda, que el tema está en el tapete. La prensa la reclama, la ciudadanía la extraña y los políticos la prometen. Pienso, sin embargo, que probablemente no estamos de acuerdo en lo que estamos solicitando u ofreciendo.

Es evidente que quienes hayan sido los proponentes de este título para mi ponencia sabían que me obligaban a iniciar por el debate pautado por Leonardo Boff (2006) entre el significado de “ética en la política y la ética de la política” y su pregunta: ¿Qué  ética va a prevalecer? Aunque aparenta ser una sutil distinción, es claro según la oferta propuesta, porque en nuestros contextos  latinoamericanos y en especial, en el que nos ocupa, el de nuestro país,  prevalece la visión de la ética en la política que predica la importancia de que existan políticos con virtudes morales personales, al margen del desarrollo del accionar político  de su partido, compañeros o gobierno.

Nos recreamos en señalar a los virtuosos desconectando su mundo de adornos morales reales de las muchas prácticas políticas  de partidos, gobiernos y personas que reniegan del bien hacer. Dirá Boff que esa es la privatización de la ética” y yo agrego: la negación de la ética de la política.

Durante años se han discutido los aparentes desencuentros entre la ética y la política planteándose inclusive, que no es posible hacer prevalecer la primera en el campo de la segunda o que quizás se puede llegar a explicar que es una ética especial y diferente la que le acompaña. 

El referente de estas afirmaciones viene contestado por la importancia de la gobernabilidad y cómo ella pone condiciones que riñen con la ética, pero se hace “en aras de preservar el beneficio de las mayorías”. A este tipo de racionalidad se le conoce con el nombre de  “el principio de Caifás” (“Vosotros no sabéis nada, ni os dais cuenta de que os conviene que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca toda la nación”).

 Hay quienes afirman que en un país sudamericano hubo un candidato que no ganó las elecciones, entre otras, porque no hizo promesas falsas ni alianzas fatídicas, la virtud residió en ser honesto en sus planteamientos y las consecuencias: no consiguió los votos de los ciudadanos. Los ciudadanos que exigen la moralidad del acto no corresponden con los votos de quien no ofrezca esperanzas. Primer problema moral.

En el modelo que aborda las éticas de máximos y mínimos nos deja claro que los máximos son aspiraciones de vida buena que pertenecen al espacio de lo privado. Una oferta política, de la que a diario hacen los políticos, que ofrezcan ilusiones capaces de satisfacer todas las expectativas de todos los ciudadanos suena hueco. Las construcciones de vida buena se concilian con las propuestas de felicidad y es evidente que los políticos no pueden satisfacer a todos sus propias construcciones de felicidad, esto corresponde al espacio de lo privado y a la construcción individual de las aspiraciones personales. 

Esto fue lo que ocurrió desde la Gran Depresión, previa la Segunda Gran Guerra con el Estado de Bienestar. Este se comprometió a dar a todos de todo, lo básico y lo mínimo como respuesta a las incertidumbres de un capitalismo incapaz de dar soluciones a las crisis económicas y al desempleo. La propuesta keynesiana de Estado de bienestar entendía que la economía no tenía formas que ofrecer por si misma que dieran al traste con la crisis y propuso la intervención del Estado para reactivar la economía y combatir el desempleo.

El Estado de Bienestar abordó como salida una propuesta Ética Utilitarista donde el tema de la distribución de los recursos estuvo signado por la activación de la economía desde la intervención del Estado, pero fue generando un Estado protector y paternalista que desarrolló una ciudadanía esperanzada en poder obtener sus propuestas de felicidad para todos, unos máximos esperados. En las éticas de máximos la felicidad es una aspiración  individual, por tanto, es privada, a ella se invita y por consecuencia no podrá ser nunca un logro del Estado para sus ciudadanos.

La ética en la política se inscribe en este  litoral  de ofertas de máximos, ofreciendo todo lo que se les ocurre y que saben que ni pueden ni les corresponde ofrecer, porque son propuestas propias del espacio de lo privado, pero que los políticos saben también que si no las ofrecen no consiguen los votos, porque no hay una educación ciudadana al respecto.

Es un tema de educación ciudadana en valores que acumula un largo déficit  y que tiene unas raíces más profundas que lo que aparenta.

Existe una gran confusión sobre la vinculación del mundo de los valores con el mundo de la política. Esta percepción entiende que ambas cosas no deben ni tienen por qué mezclarse, de ahí que, por un lado, ofrezcan pan, trabajo, educación, pero, por otro lado, no lo relacionen con un quehacer ético, porque hacen una disección donde entienden la acción como el acto político (hechos), y la ética la dejan  al carisma de sus líderes y funcionarios estrellas que sacan la cara por el  resto. Esto explica que en el mismo ámbito donde están los próceres de la moral convivan rufianes de la política, corruptos confesos, porque se entiende que eso no altera la ética del grupo, mientras se mantengan en alto la honra de los políticos morales. Mas, todavía, pueden llegar a pensar que lo que se está haciendo desde la política es lo correcto, ya que no vinculan a esta con los valores (ética)

Hoy en este evento el tema que nos convoca, señala dos componentes importantes de mencionar: Gobernabilidad y Cohesión Social. Sin dudas, el tema de la ética los permea a ambos. El primero porque, justamente, muchas de las incongruencias éticas se cometen en nombre de la gobernabilidad. Si no hacemos tal o cual cosa peligra la estabilidad social, se acude a lo posible y se buscan fundamentos morales en nombre de una supuesta “ética en la política” que ya hemos mencionado. El segundo porque se ofrece de nuevo un salvavidas a la crisis del sistema con una oferta de cohesionar lo fracturado y generar una conciencia o sentimiento de pertenencia.

Así como hablamos antes de un Estado de Bienestar, hoy se habla de una propuesta política de cohesión social que reconoce la fragmentación social, se propone articularla en base a recomposición y sentido de pertenencia, pero de nuevo en un contexto de unas asimetrías sociales tan profundas que cuesta creer que estas iniciativas tengan éxito en latitudes como la nuestra. ¿Cuál ética daría fundamento a una propuesta de cohesión social?  Los propulsores le han llamado ética social y la han fundamentado en algunos valores como la solidaridad y la equidad, pero dejándolas en independencia del dominio de la economía y la política estos no podrán funcionar como “valores democráticos” per se. Con nuevo rostro y nuevas intenciones podríamos estar frente a otro grupo de éticas de máximos, de aspiraciones nobles, no obstante, alejadas de su factibilidad.

La Ética de Mínimos,  por el contrario, parte no de aspiraciones e invitaciones sino de obligaciones legales que son las que le dan su estatuto moral. Estas se fundamentan en la Justicia y el principio de la no maleficencia, o sea, de no dañar y con esto no se puede dejar al libre albedrío de los gobernantes y de los gobernados. A esto se obliga por el imperio de la ley. Un mundo político que trabaje por imponer un régimen de justicia permitirá que la ciudadanía alcance diseñar por sus propios medios sus ideales de felicidad (máximos). Un ejercicio del poder que impacte sobre el desempleo, garantice la escolaridad, salud y vivienda, respete los derechos humanos estaría aplicando éticas de mínimos para que los muchos construyan sus máximos.

 “A los máximos se invita a los mínimos se obliga”. Aquí habría una brecha propicia para una discusión objetiva de la ética, una nueva propuesta: La ética de la política.

El debate que debe darse en los contextos del mundo de la política debe ser el de la ÉTICA DE LA POLÍTICA Y NO EN LA POL?TICA.

Visto lo anterior, damos por sentado que debe establecerse una relación biunívoca entre ciudadanos y políticos, partidos, candidatos donde se puedan conocer las propuestas  de los proyectos y el análisis de su fundamento ético, es decir, hay que conocer si lo que se propone es factible y si lo que se ofrece es ético. En tal sentido, Boff argumenta:

En otras palabras, no basta que haya políticos éticos, con virtudes personales reconocidas (ética en la política, próceres morales les llamo); lo importante es que prevalezca la discusión acerca de la ética de la política. Ésta trata del marco institucional que obliga a los ciudadanos a vivir ciertos valores fundamentales para la sociedad. Sobre todo importa discutir el carácter ético del proyecto político del candidato. (2006).

Pero sucede que vivir “ciertos valores” nos trae el conflicto central de la disparidad entre estas dos visiones de la ética, la del mundo de los valores vivenciados en los hechos.

 Esto nos lleva al principio, cómo educar ambas partes en el conocimiento práctico y teórico de qué es la ética, si el problema inicial reside en los valores.

La tradición nos colocó en el mundo académico de la ética, donde esta solo servía como asignatura y para pasar exámenes de filosofía. Las éticas normativas, descriptivas, la meta ética eran más discursivas que aplicables  y ello dio pie a que en el tema que nos ocupa prevaleciera más la ética en la política que la de la política. Por un lado, era una ética basada en los modelos personales y en el cumplimiento de la ley, por otro lado,  un gran fundamento deontológico. Seres excepcionales, que existen, que han sido paradigmas del honor y el compromiso social, pero  cada vez más escasos o más bien en extinción.

 La tarea de clonarlos en una sociedad con otras reglas del juego es imposible y por eso en los panegíricos ante su cadáver se repite “seres como este solo aparecen cada siglo”

Claro, hay una realidad social plural, globalizada, movida por el mercado y el capital y un ser humano bueno y bondadoso que da cátedras de cómo debía actuarse en política y los mismos que le aúpan y rinden honores, trazan pautas, acuerdos, alianzas y propuestas fundamentadas en la conveniencia siguiendo el famoso postulado clásico de Aristóteles de entender “la política como el arte de lo posible.”

Esa definición no es mala, lo malo es ponernos de acuerdo sobre qué es lo posible, porque ello deja en libertad a la ética y pierde su encuadre moral, se  desliza por un encuadre de conveniencia y estas, a  su vez, en conveniencias particulares, grupales, personales, creando un escenario inmoral con algunos próceres de la moralidad vivos o invocados en cada aniversario de su muerte.

El conflicto gira en torno a los valores. No se comprende que los valores no existen solos, sin el bien, que pasan por los hechos y esto tiene larga data en la historia.

 

  1. 2.       ÉTICA DE LA POLÍTICA: HECHOS Y VALORES

La discusión a la que estamos convocados es la de la ética de la política que asume como referentes la vivencia de unos valores morales mínimos en toda sociedad (Ética de Mínimos) y la exigencia de estos a que sus líderes políticos los incluyan en sus propuestas y programas de gobierno.  Sin duda, en todos los programas y misión, visión y valores de los estatutos de partidos están presentes en la letra, pero no en la realidad porque se les considera mundos apartes.

Diego Gracia (2011) en su artículo Una reflexión sobre la crisis desde la ética nos abre un panorama increíble para entender este fenómeno. Este hace una revisión de la dicotomía que ha existido entre hechos y valores, reconociendo la negación que ha regido de entender como valido solamente los valores instrumentales, los medibles y no los intrínsecos, por considerarlos propios del mundo del espíritu.

 Esto tuvo su mayor debate en el campo de la economía, que negándolos y aceptando solo los instrumentales como válidos dio acogida a la ética utilitarista, en tanto podían medir con fórmulas matemáticas la utilidad de las intervenciones, mas no así la valoración de las mismas. Los hechos se consideraron racionales y objetivos, mientras los valores eran entendidos como subjetivos e irracionales.

Esta visión permeó las todas ciencias, incluyendo las sociales y permite inferir que lo mismo fuera trasladado a la política. “Los hechos  son libres de valores” se  afirmaba, es el auge del positivismo del que no escapamos aun en las disciplinas profesionales liberales. Se ha generado una inversión a la que Gracia (2011) llama una “máxima perversión axiológica”, ya que los valores que deben ser fin se han traducido como medios. Y la economía, la política, las ciencias que debían ser medios se han instalado como fines, son objetivos en sí mismos.

Estas premisas nos permiten entender la distancia que existe entre la política (Hechos) y la ética (Valores) y la santificación de los modelos que hemos llamado de los próceres morales, de la ética en la política,  en tanto son paradigmas, pero no se relacionan ni asumen responsabilidad de los desaciertos morales de sus compañeros de acción. De este recorrido, podemos encontrar justificación en la ética en la política. Llegar a la  ética de la política implica reconciliar los hechos con los valores. Introducir el marco axiológico dentro de las propuestas políticas, de los programas de gobierno y del accionar en la administración pública. Muchos dirán que eso ya se hace y es  cierto, pero como anexos académicos no como convenciones de que la tarea es construir valores a partir del hecho político.

Dos principios deben normar dichas propuestas, partiendo de las Éticas de Mínimos que proponen colocar valores de consenso que garanticen ambos principios normativos: 1. El de no hacer daño y 2. El de justicia. Ambos son los principios rectores del espacio de lo público, y es en este espacio donde se  juega la relación sociedad-política. Claro que al hacer vigente el modelo de la ética en la política estos principios no tienen validez, ya que su ámbito de prevalencia es el privado, el del prócer de la moral, que es un modelo privado y el de los hechos desvinculados de los valores.  Aquí nace el caos en que vivimos, de una sociedad politizada huérfana de propuestas morales para la política.

Probablemente, la confrontación entre ética de la política y en la política tenga que buscarse en los orígenes causales y no en las consecuencias evidentes, es decir, en la disociación del mundo de los valores  con la sociedad y el capitalismo (hechos, realidad).  Se reconocen como antagónicos los hechos  propios de la política, del gobierno,  la administración pública y los valores, y como salida ignorante se buscan fundamentos indebidos, como serian los códigos de ética, los reglamentos para códigos (otro absurdo), los códigos dentro de las leyes, entre otras, una reflexión sobre la crisis desde la ética) y porque no la política y su ejercicio para gobernar. A tal fin, Gracia explica:

Esto es lo que quiso enmendar la llamada escuela neoclásica, que claramente influida por el positivismo y sus derivaciones ulteriores, entre ellas el neokantismo alemán, hizo enormes esfuerzos por separar hechos de valores, los hechos propios de la ciencia económica pura,positiva o científica, de los valores en que tiene que implicarse la economía aplicada, la política económica y la gestión empresarial. (2011)

Ese es el entorno de la ética de la política, la cual se ha descentrado por desconocimiento y por intereses, por no saberse como articular el mundo de los valores con las propuestas políticas de los políticos, es el reconocimiento del paso de las éticas teóricas a las éticas aplicadas como respuestas contundentes a las realidades  cotidianas de la gente. Así podrá verse si las mismas abordan y repercuten en la exclusión, en el hambre, en la educación, en el techo, en la salud de todos y no de una parte del todo.

Las éticas aplicadas o éticas públicas surgen en la década de los 90 buscando nuevas formas de dar fundamentos a los hechos desde propuestas deliberativas. Es una oferta que encuentra eco en el mundo de la empresa,  la salud, la sicología, la ecología, entre otras disciplinas. Su oferta es la respuesta a la negación imperante en el momento de que la ética no tiene que ver con los hechos.  De ahí la disociación con la política, pues si no tiene nada que ver con la economía, con las ciencias, con la tecnología, tampoco tendrá que ver de esta nueva manera con la política, sino en la política, dando salidas virtuosas a realidades deprimentes. El asistencialismo que es bueno desde el mundo de las virtudes se  encarna como emblema de caridad y la caridad es buena y es ética, está en la ética de la política,  pero no es la ética de la política.

Bernardo Kliksberg (2006) en su libro Más ética más desarrollo plantea:

Hay una sed de ética en América Latina. La opinión pública reclama en las encuestas y por todos los canales posibles comportamientos éticos en los líderes de todas las áreas, y que temas cruciales como el diseño de las políticas económicas y sociales y la asignación de recursos sean orientados por criterios éticos. Contrariamente a ese sentir, las visiones económicas predominantes en la región tienden a desvincular ética y economía. Sugieren que son dos mundos diferentes, con sus propias leyes, y que la ética es un tema para el reino del espíritu. (p20)

Esa es la ética en la política. La lógica es la misma, entienden que los hechos están y tienen que estar desvinculados de la ética.

Un ejemplo de lo que proponemos, podemos verlo en algo que pasó recientemente mientras estábamos en una actividad de la Comisión Nacional de Ética y Combate a la Corrupción (CNECC) en Samaná. Unos campesinos fueron brutalmente desalojados de tierras donde tenían unos 60 años viviendo. La tierra no era de ellos, tenía dueños, estos ejercieron su derecho legal, sin embargo, no son “invasores” ni maleantes y tenían sus pequeños bienes acumulados y su familia y sus recuerdos. Del drama humano, tratados como indica la ley, sin lugar a dudas, surgió la compasión de todos y el conocido jurista y presidente de dicha CNECC  Dr. Marino Vinicio Castillo escribió en un pedazo de papel una propuesta para someter al Ejecutivo de que situaciones como esa, de personas con largo tiempo ocupando tierras ajenas, tierras con vocación turísticas y una alta plusvalía, generen un impuesto a la transferencia que dedique parte del mismo para reubicar decentemente a los desalojados.

Este es un ejemplo de cómo se deben vincular los valores con los hechos, la política con la ética, una nueva forma de ver la ética de la política, que debe ser la misma que aliente el quehacer de todos sin quedarnos solo en el reconocimiento de un prócer de la moral visitando a los excluidos o llevándoles colchones y alimentos.

 

  1. 3.       ÉTICA  DE LA POL?TICA  EN LA ADMINISTRACIÓN  PÚBLICA.

Nuestro país no ha estado exento de todo lo planteado, lo hemos vivido como el que más. Una visión de la política descentrada en su relación hechos-valores, un hermoso ramo de próceres morales empapados de un fuerte contenido deontológico y un quehacer político desvinculado.

Históricamente, nos hemos regido por un modelo de ética en la política y no de la política, sin embargo, nos diferencia en esta última década un marcado interés por fundamentar éticamente el quehacer político sobre todo en el ejercicio del poder y su mayor expresión ha estado en la administración pública.

Verlo de forma procesual nos alienta, nos refiere a una intención positiva de querer dar un marco moral al quehacer administrativo, pero desde mi punto de vista, completamente errado en las formas y en los fundamentos, pues cargados de buena intención replica los cánones de la ética en la política desvinculando los valores de los hechos y, como consecuencia,, escudando a la ética en una llamada “transparencia” o no sé, si a esta en una mal llamada “ética”.

Como producto nació en parto gemelar el concepto indisoluble de ética y transparencia, como que el uno arrastra al segundo y donde aplicar el segundo implica que se cumple de manera cabal con el primero. 

La transparencia ha sido vendida como un artificio matemático de que todo lo que se hace de manera pública, se deja ver a trasluz  y adquiere la calidad de lo propuesto, reduciendo su marco de acción a las acciones visibles y a la rendición de cuentas. Hoy sabemos que la transparencia sin ética puede llegar a ser, inclusive, un instrumento legitimador o cómplice de inconductas, en cuyo nombre se cometan travesuras. Si los valores no se relacionan con los hechos públicos de la administración, estos se quedan como puros instrumentos académicos, sanos inclusive, pero sin alma moral.

Transparentar no es solo dejar ver lo que hemos hecho, sino que los hechos se compadezcan con las respuestas necesarias que favorecen la búsqueda del bien común, operativizados  en los ámbitos  de cada espacio. Son los valores vinculados a la construcción del bien común, los que instrumentaliza la política a través de la administración pública y se expresan en la transparencia. Esta en sí no es un medio sino un fin en sí mismo y este es un fin ético.

Podemos dejar  ver lo que nos interesa que se vea y no ser ético, pero ser transparente. Si nos acogemos a las definiciones etimológicas y modernas podemos llegar a creernos y a hacer creer que se está haciendo bien lo que es incorrecto. Esa es la lógica de la ética en la política en cuando no vincula sus hechos (técnicos) con sus valores (moral)

Claro que hemos avanzado, pero probablemente por  caminos errados, el fundamento más reciente de nuestra fundamentación ética en la administración pública intentó hacerse a través del Código de Ética del Servidor Público (Ley 120-01). Aquí empieza otro viacrucis para la moral de la administración pública.

Los códigos como el de Hammurabi en Babilonia era un conjunto de leyes que había que cumplir y cuya inobservancia conllevaba unas sanciones muy drásticas, o sea, que tenían un carácter normativo y coercitivo donde el castigo era la norma para quienes no lo cumplieran

Más modernamente, en el Siglo XIX surgen con Bentham los códigos deontológicos, los cuales nacen  en el ámbito de las profesiones como propuestas de comportamiento adecuado al espíritu de las disciplinas involucradas. Son normas para el bien hacer profesional.

El primer modelo es discriminatorio y coercitivo, el segundo es propositivo y normado por el bien hacer en busca del bien. Este responde en una etapa de la humanidad en que hay un predominio de códigos morales únicos  o monoteísmos axiológicos.

La realidad es que con los cambios sociales, la globalización y el desarrollo del capitalismo hemos pasado a propuestas  morales múltiples que nos plantean situaciones morales disimiles y de más de un curso de acción posible y los códigos no pueden dar salida a dichas situaciones en la esfera pública como lo harían en el ámbito de las profesiones, de manera que los códigos de ética para el servidor público nacen con una debilidad congénita: Querer enfrentar con un punado de valores todas las situaciones que se presentan en ese ambiente.

El Código de Ética del Servidor Público dominicano nació también con dicha patología. Verlo en retrospectiva nos permite entender que fue un buen esfuerzo de fundamentar éticamente el Estado dominicano, pero por una vía equivocada, porque en vez de ser el sustento de una propuesta para la transparencia se convirtió en un cómplice de su inobservancia, ya que con unos diez valores exigibles a los servidores públicos se esperaba que ellos se comportaran bien, independientemente de que las inconductas políticas, económicas o de corrupción que pudieran existir ni se enteraban que el código existía o eran acciones que no pasaban por esos escritorios o ventanillas.

Su propio modelo de redacción lo hace más confuso, pues es una ley (que obliga, es un principio de Justicia: ética de mínimos) en un código que es una propuesta axiológica de bien hacer (que invita, ética de máximos) que desde la perspectiva de ley implica sanciones, pero que desde la perspectiva moral  no debía tener carga punitiva.

 Se intentó reorientar siete años después,  con la Ley 41-08 de Función Pública, derogando la Ley 120-01 y asumiéndola en la de la función pública bajo el titulo Régimen ético disciplinario,  siendo este su nuevo pecado original,  ya que retoma los mismos diez valores del código anterior, separado de los hechos y redactado adjunto a las sanciones a los incumplimientos de la ley.

Más grave aún, se promueven en el Estado dominicano la proliferación de los códigos desde la pauta 1-002 del Sistema Nacional de Control Interno, con nuevos vicios de construcción.

Estos modelos de códigos mal llamados “de ética” podrían caer, citando de nuevo a Diego Gracia, en una perversión axiológica, que contribuye a desligar los hechos de los valores, la ética de la política, dando visos de legitimidad a la ética en la política que necesita recurrir a la bandera de los próceres morales.

El más valioso instrumento de fundamentación ética del Estado nació también con defectos físicos, pero es un recurso tan importante que ha valido la pena invertir en su recuperación. Son  las Comisiones de Ética Pública (CEP), espacio idóneo para convertirlos en instancias deliberativas que manejen el contenido práctico de las éticas de la política. Claro que esta modalidad está luchando en un terreno árido contra los propulsores, bien intencionados, de los códigos y su imposición, con agravantes de incursionar por su vía en las CEP pervirtiéndolos también.

Las CEP son modelos de escenarios propicios para las éticas públicas que promueven las éticas de la política, donde se discute eso que Boff señaló como “el carácter ético” de los hechos, o las realidades que a diario se presentan en el escenario global del país y en la administración pública, que es el tema que nos ocupa.

Mientras sigamos ofertando una canasta básica de diez valores en una realidad plural, donde predomina el politeísmo axiológico equivale a decir que se puede reducir el accionar ético al referente de solo esos diez. Con una pluralidad de los hechos que van desde el narcotráfico y sus redes hasta la corrupción de algunos, la perversión de las normativas, la anomia, no podemos seguir dando palos a ciegas con modelos sociales, creo que es el caso de la Cohesión Social, desligado de una propuesta ética que parta de reconocer como escenario preferencial la política, una propuesta de LA ÉTICA DE LA POL?TICA.

 

Bibliografía

 

Boff, L. (2006). Qué ética va a prevalecer. Servicios Koinonía. Agenda Latinoamericana. Obtenido el 25 de noviembre de 2001 desde http://servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=189

Gracia, D.  (2011). Reflexión sobre la ética desde la crisis. Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Obtenido el 30 noviembre 2011 desde

http://www.racmyp.es/noticias/2011/2011-10-11%20-%20Diego%20Gracia%20Guillen.pdf

Kliksberg, B.  (2006). Más ética más desarrollo. Buenos Aires: Tema Grupo Editorial.

República Dominicana. Ley No. 41-08 de Función Pública del 16 de enero. Santo Domingo: Editora Lozano.

República Dominicana. Código de Ética del Servidor Público. (2001). Ley No. 120-01 del 20 de julio. Procuraduría General de la Republica. Departamento de Prevención de la Corrupción: Santo Domingo

 

LA MANIPULACION COMO PRUEBA DE AMOR

lunes, 05 de diciembre del 2011 a las 17:47
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Dr Miguel Suazo

 

Si  es amor, en el sentido estricto del término, no debe haber manipulación. Digo esto en función de que una relación tiene que establecerse en base a un sentimiento inicial de amar, querer, desear, compartir y la manipulación es un mecanismo que puede  ser usado para conseguir como respuesta lo que como  instinto se espera.

En  su acepción latina manipular se acerca a la idea de llevar con las manos a la modificación de algo que es modificable, al pasarlo al plano sicológico, social, de la vida de pareja seria como intentar modificar según el acomodo de la persona para lograr resultados que tienen interés para el manipulador.

Entonces diríamos que en una relación de pareja, manipular equivale a una especie de chantaje, encubierto, bien manejado para lograr objetivos de cualquier tipo. Es evidente que si se manipula se altera la autonomía de la persona a desarrollarse o a comportarse de acuerdo a sus propios criterios e intereses.

Se puede hacer que una persona sienta culpa frente a un hecho que a lo mejor no lo conlleva, mediante la generación de sentimientos de ese tipo. La persona puede  sentirse avergonzada, con una carga no resuelta, con un sentimiento culposo inducido por otra persona que justamente logra lo que pretende. Eso sería un ejemplo de manipulación en el caso citado. Alguien que tiene un perfil fácilmente moldeable es llevado de la mano de otro para hacerle sentir de una manera determinada frente a los hechos ocurridos.

Podríamos llevar tantos ejemplos como quisiéramos pero basta con que el lector descubra que la manipulación no es un atributo de determinado tipo de personas sino que es un potencial riesgo que todos tenemos de convertirnos en tal, según conveniencia y de ello hay que cuidarse estando alerta, sobre todo si lo analizamos como plantea el titulo del articulo relacionándolo con el amor.

Aquí mezclamos ahora las dos variables del tema que nos ocupa: La manipulación como prueba de amor, o sea que esto se refiere a cuando se pone como prueba de que nos quieren el que accedan a lo que se pide, es decir si no somos complacidos o complacidas es una prueba irrefutable de que no somos queridos por la persona que se niega.

Una vil manipulación que se intenta vincular erradamente al concepto de amor. El amor tiene como pre requisito básico que no pone condiciones para expresarse y servirá además como un indicador para evaluar la calidad del sentimiento si se logra valorar que para sentir o sentirse amado (a) debe tener previamente la prueba del cumplimiento de lo condicionado.

Más de una vez se usa como prueba de amor el mantener relaciones sexuales cuando es uno de los dos el que esta interesado en sostenerlas y la contraparte no esta interesado o decidido a hacerlo, entonces se dice “si no lo haces es porque no me quieres”. Sin dudas es una manipulación no porque este envuelto el tema sexual sino porque no puede haber una condición única que se convierta en exclusiva prueba de amor.

El amor se alimenta de realidades cotidianas y empieza por desear estar al lado de la persona amada y de compartir los intereses comunes y por amor participar hasta de los que no son afines con tal de convertir en expresión extrema de lo que somos capaces de hacer aun en contra de la voluntad con tal  de demostrar el afecto.

L a mejor manera de evaluar este sentimiento justamente está en poder discernir si lo que nos mueve es la obligación o el deseo. La manipulación obliga e impide que el otro se desarrolle como persona libre y autónoma dentro de una relación de pareja. El deseo y la intención  se ocupan de establecer lazos de unión dentro de la libertad de no perder la identidad de cada uno y desear compartir con el otro.

Nada que no esté claro, que este oculto o con fines pre establecidos para lograr un objetivo cabe en una relación de amor , Por definición manipulación y amor se oponen y se rechazan porque tienen contenidos opuestos y excluyentes.

 

 PUBLICADO EN REVISTA REXPUESTA

Estar juntos, pero distantes

jueves, 13 de octubre del 2011 a las 22:19
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Siempre se ha dicho que un indicador de estar enamorado, interesado, amando a otra persona, pasa por un indicador que es el querer estar cerca de la persona amada. Es un imán biológico que lógicamente no siempre se puede cumplir y que con el tiempo va encontrando su justo lugar. Pero no es menos cierto que mientras más joven la experiencia más se buscan y se construyen esas oportunidades. De igual forma se convierte en un termómetro para las parejas el reconocer que no estamos tan cerca aunque vivamos bajo un mismo techo o aunque estemos en una relación de cercanía física. Lo cercano o lo lejano que estemos afectivamente indican la calidad de una relación y los niveles de confort en la misma. Ello no obvia que es una realidad que se verifica, el que muchas parejas están juntas pero distantes. Para la gente que les conoce y que les ve tomados de la mano o compartiendo el día a día puede pasar inadvertido, pero la intimidad de esa pareja reconoce las debilidades que se están operando Es un fenómeno que tiene distintas implicaciones . Que puede afectar a uno de los dos o a los dos a un mismo tiempo y que en cada caso tendrá expresiones y tratamientos diferenciados. Reconocer este signo como una señal de alerta será de mucha importancia en el pronóstico de una relación. Es autoevaluable, es preguntarse a si mismo que tan cerca o lejano me siento o heteroevaluable que tan cerca o lejos te siento. Sentirse lejano no quiere decir que es una pareja en crisis de muerte, que esta terminando, que el amor se acabo. De principios diría que no necesariamente. Es tan solo una lucecita roja que prende y señala que hay un falso contacto, algo no esta caminando y llevarlo a un plano consciente permitirá por lo menos abordarlo, manejarlo o determinar si solos no pueden salir a flote y si requieren de ayuda profesional. Cuando las parejas hacen crisis, la cuales son normales entre los seres humanos y saben aprovecharlas pueden convertirlas en oportunidades para sacarle el mayor provecho para crecer y fortalecerse, se verifica el fenómeno de la paradoja: estamos cerca pero te siento lejos. Te siento lejos porque yo soy el que estoy en dudas o en problemas conmigo mismo, porque no tengo deseos ahora de comunicar lo que me pasa o por que la incertidumbre llega en este momento hasta el rincón de mis afectos, dudo hasta de si te quiero. A veces es el otro miembro de la pareja el que hace la crisis y el o la compañera es quien la percibe y se pregunta, que pasa que no siento la misma respuesta que antes a mis esfuerzos y acercamientos, que la vida afectiva esta tibia porque no me responden con la misma intensidad con que antes se hacía, Esta persona esta a mi lado, sigue a mi lado por lo que entiendo que quiere estar, pero la siento lejos. Estas son crisis existenciales, que a todos nos pasan, son confrontaciones con su propio yo, consigo mismo y pueden responder a cosas triviales o profundas , sencillas o complejas. De todos modos son crisis comunicacionales, que no se curan con que hablen. A veces esta es la crisis misma, no querer hablar, no tener deseos de hacerlo, no sentir que ello resuelva por entender que el problema no esta ubicado en esa esfera. Aquí juega un papel importante los terceros, los amigos y amigas, el otro, la otra, como ayuda, necesidad de un oído que me oiga, de un hombro que me apoye, una confianza para poder decirle solo quiero que me oigas o necesito tu consejo. De nuevo volvemos al tema de la importancia de la comunicación n en la vida de parejas, porque una conducta que se instala de manera rutinaria es la de los supuestos. Estos llegan en ocasiones a suplantar a la comunicación porque se entiende o sobreentiende que las reglas del juego fueron puestas y de alguna manera se considera que son inamovibles y no es cierto. La vida es dinámica, las personas maduran ,crecen, gestan nuevas expectativas en su desarrollo personal y el o la otra no necesariamente lo hace ni en el mismo tiempo ni en el mismo sentido y si la comunicación no se instala como base y si se entiende que estar uno al lado del otro es la garantía de la vida de pareja se corre el riesgo del fracaso. A veces no hablamos por no disentir, [por no discutir, por no evidenciar y todo lo contrario esa es la fuente de la dinámica de las parejas. La presencia física, el estar, es importante, el saber que estas es muy importante, pero ambas en su individualidad es insuficiente. El ejercicio de hablar es el puente que permite que se comuniquen los cuerpos, ellos pueden estar juntos, muy cercanos y no estar diciéndose nada o por el contrario perdiendo la oportunidad de decirse, amamantando una costumbre insana de considerar que el solo hecho de estar uno al lado del otro los acerca, cuando en realidad están juntos pero distantes.

 

 

La responsabilidad ética del médico

martes, 31 de mayo del 2011 a las 19:05
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En el año 203, la perodista Julissa Lorenzo, de la Revista Ahora me hizo esta entrevista, que recien rescate por internet, 8 años despues cambiaria pocas cosas de las que dije ahi.

El ejercicio de la medicina es visto por muchos más que como una profesión como un sacerdocio. De ahí que no se conciba que los médicos utilicen mecanismos de presión como las huelgas para exigir ajustes salariales. Sin embargo, ¿hasta qué punto esa es una percepción acertada de la realidad?

 

 

El doctor Miguel Suazo, coordinador del Area de Salud y del Centro de Bioética del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), responde para AHORA ésta y otras interrogantes relacionadas con esta clase profesional.

[A]. ¿Es la medicina un sacerdocio?

Miguel Suazo. Lo que sucede es que al médico originalmente no se le pagaba; trabajaba en función del honor, ¿por qué? Porque la vida es tan importante que lo que yo haga por tu salud no tiene precio. Por eso lo que se hacían eran pagos de honor, la gente le llevaba lo mejor que tenía, de ahí viene el término de honorarios. Esa relación cambia con el desarrollo del capitalismo, y lógicamente cada quien tiene que cobrar por lo que hace. Entonces cuando hay un problema de carácter sindical o gremial como son las huelgas, la gente hace la asociación de lo que el médico juró por Hipócrates,  lo que es el pago de honor, la responsabilidad hacia el paciente, y se dice que esto es un sacerdocio.

Se parece al sacerdocio, pero de hecho para los griegos la medicina no es un sacerdocio; se profesa igual que los sacerdotes, pero la relación es directa con los dioses. De hecho, el juramento hipocrático comienza con los dioses por Apolo, Panacea, porque se entiende que el médico es la mediación entre los dioses y la enfermedad.

JURAMENTO HIPOCRÁTICO

[A]. ¿Entonces, aunque no es un sacerdocio, tiene una responsabilidad igual?

MS. Se le hace una exigencia mayor al médico probablemente porque es el que tiene que ver directamente con la vida. Pero lo que se sabe en términos de la ética es que la responsabilidad profesional es la misma para todos los profesionales. La palabra profesional viene del griego y después del latín, y proviene de profesar. Profesan, hacen un voto de responsabilidad, y el llamado de todo profesional dentro de esa respuesta es a la excelencia, entonces tanta responsabilidad tiene de ser excelente un médico como un periodista, abogado o ingeniero.

La historia propia de la medicina ha hecho que se vincule ladedicación al paciente con el cobro. Hoy en día se nos reclama mucho, por ejemplo, el juramento hipocrático.

Primero, nunca nadie juró el juramento hipocrático, eso está en la tradición griega, pero ni yo ni nadie en la escuela de medicina lo ha jurado. Y hoy se sabe que no lo escribió Hipócrates, sino seguidores de él siglos después. Lo otro es que lo que expresa el juramento es valido para todas las profesiones, por eso se dice que es el juramento de las profesiones. Se basa en la medicina porque es la primera de las profesiones y los ejemplos que tiene el juramento son de esa área. Si quitamos estos ejemplos, se aprecia que un periodista tiene la misma responsabilidad que un médico, que es el no hacer daño, hacer el bien, no hacer uso de la autoridad profesional para abusar en ningún sentido de quienes son tus usuarios, tus clientes, entonces esa responsabilidad moral es la misma para todo el mundo.

[A]. ¿Es ético que el médico exija a través de huelgas mejores condiciones laborales?

MS. Cuando llegamos al caso moderno de las huelgas esa responsabilidad hay que evaluarla. Yo pienso, en lo particular, que las huelgas son mecanismos de presión válidos en todos los gobiernos.

Ahora a lo único que no puede renunciar un profesional de la medicina es a salvar la vida de un paciente, por tanto desde mi punto de vista –y creo que ahora lo concibe así el Colegio Médico Dominicano– es que las emergencias no se abandonan, si se hace es una inmoralidad. Porque otro de los principios que plantea el juramento hipocrático (y es el principal) es el de la no malificencia, es decir, lo único que no puede hacer un profesional es daño. Claro, hay casos que no son las emergencias, como por ejemplo un niño que lo traen de Duvergé para el Hospital Robert Reid Cabral para una consulta, pero hay una huelga; ya ahí hay un daño que habría que evaluar. Pero de todas maneras no se puede negar que las huelgas son un recurso de presión contra los mecanismos que no han funcionado. Hay veces que el médico tiene seis meses que no le pagan y no tiene otro recurso que irse por esa vía. Siempre y cuando no atenten contra la vida de las personas, no dañen, están dentro de la moralidad.

CRITERIO PROFESIONAL

[A]. ¿Cuál es el criterio con el que se debe manejar el médico en el ejercicio de su profesión?

MS. No se puede renunciar a la moralidad del acto médico. El médico tiene la responsabilidad de curar y eso es lo que se llama el buen médico, que es el que maneja las destrezas técnicas de su especialidad, pero también está el médico bueno, que es el que moralmente actúa tratando bien a su paciente.

De manera que la responsabilidad moral sería ‘el buen médico’, porque tiene que ser bueno en el arte que maneja y bueno en la moralidad de lo que hace.

Aquel que abandone esa responsabilidad es inmoral.
En el caso de la ética no hay intermedio, las cosas son morales o inmorales, correctas o incorrectas. Quienes, por ejemplo, abandonan un paciente a su suerte o le cobran de más, no hacen lo que tienen que hacer y trabajan menos horas por las que se les paga, son inmorales.

[A]. ¿Cuál es la responsabilidad del Colegio Médico Dominicano en torno a la preservación de la ética?

MS. Yo pienso que su principal tarea tiene que ser velar por la excelencia profesional, porque hasta ahora hemos sido un gremio para la defensa de los médicos, y lo que tiene que ver con la bioética es la defensa de los pacientes. Hasta ahora nos hemos estado protegiendo a nosotros mismos en desmedro de los pacientes. La excelencia profesional incluye que se defienda a los pacientes.

[A]. ¿La situación laboral del médico no justifica una mala actuación frente al paciente?

MS. No hay nada que pueda justificar como moral el incumplimiento de un deber. Ahora, debe de verse la moneda de los dos lados, los médicos son mal pagados, haciendo especialidades amanecen hasta las cuatro de la tarde y se quedan entonces al otro día, cuando vienes a ver son tantas horas de servicio que la parte humana flaquea y tratan mal al paciente.

Sin embargo, sería menos justificable que las incongruencias del sistema social las pague el paciente, de manera que su enfrentamiento (el de los médicos) tendrá que ser con el ministerio de salud, con los gobiernos.

[A]. ¿Qué piensa usted del trabajo del médico en los hospitales?

MS. Creo que hay otra cara de la moneda que no se señala en los recortes de prensa, pero que desde la ética yo lo rescato: cuando a mí me dicen que en tal hospital hay dos pacientes en una cama o acostados en camillas en los pasillos, yo digo que esa es una barbaridad vista desde el Estado, pero vista desde los médicos es un cumplimiento ético, que no es lo justo, pero no depende de ellos (los médicos). Hay un principio en ética de la justicia distributiva que consiste en la administración de recursos escasos.

Cuando yo acuesto a dos personas en una cama estoy haciendo una heroicidad, me pueden decir que no es justo, que hay contaminación, pero lo que sería inmoral es que se deje a uno en la cama y al otro que se vaya a su casa o se muera en la acera. De tal manera que hay que establecer grados de lo que es la responsabilidad del Estado y lo que es la responsabilidad del médico.

[A]. ¿Qué debe hacerse en cuanto a la formación ética del médico?

MS. A los médicos debe dárseles una formación en bioética que les enseñará a descubrir primero el valor de la profesión, del paciente y de la relación entre ambos. Toda la historia de la medicina se fundamentó en los griegos, en lo que se llamó el paternalismo médico, lo decía Platón, Hipocrates: el médico debe tratar al paciente como un hijo.

Hoy la bioética lo que dice es que la toma de decisión está en el paciente, el paternalismo ya no sirve, y lo que tiene que haber es un cambio de relación médico-paciente.

En el paternalismo no es así, y todavía hay gente en los hospitales que la operan y no saben de qué.

El problema es que a los médicos nadie les ha dicho que el paternalismo está fuera de moda y siguen siendo los que echan boches, los que regañan e imponen los tratamientos.

Por eso en los hospitales en la actualidad se están formando los llamados “comités de ética”, que son los encargados de formar a los médicos y pacientes sobre los derechos de los últimos.

Juramento Hipocrático 400 a.c.

Juro por Apolo médico, por Aslepio y por Higía, por Panacea y por todos los dioses y diosas, tomándolos por testigos, que cumpliré, en la medida de mis posibilidades y mi criterio, el juramento y compromiso siguiente:

Considerar a mi maestro en medicina como si fuera mi padre; compartir con él mis bienes y, si llega el caso, ayudarle en sus necesidades; tener a sus hijos por hermanos míos y enseñarles este Arte, si quieren aprenderlo, sin gratificación ni compromiso; hacer a mis hijos partícipes de los preceptos, enseñanzas y demás doctrinas, así como a los de mi maestro, y a los discípulos comprometidos y que han prestado juramento según ley médica, pero a nadie más.

Dirigiré la dieta con los ojos puestos en la recuperación de los pacientes, en la medida de mis fuerzas y de mi juicio, y les evitaré de toda maldad y daño.

No administraré a nadie un fármaco mortal, aunque me lo pida, ni tomaré la iniciativa de una sugerencia de este tipo. Asimismo, no recetaré a una mujer un pesario abortivo; sino, por el contrario viviré y practicaré mi arte de forma santa y pura.

No operaré (castrar) ni siquiera a los pacientes enfermos de cálculos, sino que los dejaré en manos de quienes se ocupan de estas prácticas.

Al visitar una casa, entraré en ella para bien de los enfermos, manteniéndome al margen de daños voluntarios y de actos perversos, en especial de todo intento de seducir a mujeres o muchachos, ya sean libres o esclavos.

Callaré todo cuanto vea u oiga, dentro o fuera de mi actuación profesional, que se refiera a la intimidad humana y no deba divulgarse, convencido de que tales cosas deben mantenerse en secreto.

Si cumplo este juramento sin faltar a él, que se me conceda gozar de la vida y de mi actividad profesional rodeado de la consideración de todos los hombres hasta el final de los tiempos, pero si lo violo y juro en falso, que me ocurra todo lo contrario.


Juramento Hipocrático

Las bases de la Ética Médica actual tienen su origen en el antiguo texto del Juramento Hipocrático. Este célebre médico griego nacido en Cos (460-380 a.C.) a quien la historia reconoce como el Padre de la Medicina, legó junto a su ciencia los fundamentos morales de una antigua y noble profesión.

Juro por Apolo médico, por Esculapio, Higicia y Panacea y por todos los dioses y diosas- a quienes tomó por testigos- que con todas mis fuerzas y potencias, cumpliré los siguientes deberes:

Al igual que mis padres respetaré a mi maestro en el arte, compartiendo con él mis bienes, dispensándole socorro si le hubiera menester, estimando a sus descendientes cual si mis hermanos fueran e instruyéndoles en el arte de querer aprenderle, sin pacto ni remuneración. Los preceptos y enseñanzas verbales, así como todo mi saber, transmitiré a mis hijos, a los hijos de mi maestro y cuantos discípulos se obliguen y juramenten de acuerdo con la norma médica, pero a nadie más.

Dispondré para el enfermo el régimen de vida que, de acuerdo con mi capacidad y juicio, repercuta en su provecho, alejándole del que lo perjudique o hiera; a nadie administraré un mortífero veneno aunque me fuera solicitado, no usaré abortivos en las mujeres encintas y nunca intentaré sacar la piedra de la vejiga, dejando este cuidado en manos de prácticos.

Puros y limpios mantendré mi vida y mi arte, en cuantas casas entre lo haré en bien del enfermo, absteniéndome de irrogarle intencionados y condenables prejuicios y de recrearme con el cuerpo de mujeres y hombres, sean libres o esclavos. Lo que en mi práctica vea u oiga y lo que fuera de ella surgiere en el trato con los hombres, no lo difundiré sino que tendré callado y mantenido secreto.

Si cumplo y no rompo este juramento, séame concedido disfrutar de mi vida y de mi arte y ser honrado por los hombres para siempre y en la eternidad; pero si fuera perjuro, maldito sea.

 



 

 

 

Ellas hablan y ellos no escuchan

lunes, 30 de mayo del 2011 a las 18:09
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Publicado en RexpuestaEn cuerpo y alma:1

 

Ellas hablan, nosotros no las escuchamos

El tema es viejo. Las quejas vienen por generaciones, tanto que la neurociencias lo ha llevado al terreno del laboratorio y múltiples estudios y experimentos han encontrado explicaciones neurofisiológicas de porque ellas hablan más que ellos, pero no han podido responder a la pregunta del título: Por  que ellas hablan y dicen que nosotros no las escuchamos?Esto desborda a la ciencia y quizás no es el camino para abordarlo, sin embargo nos dan luces que han sido buenos para operativizar algunos trabajos practicos, por ejemplo el saber que aunque ellas hablan mas que ellos, ellas actúan movidas por su capacidad auditiva y ellos aunque hablan menos son mas verbales.

Expliquemos esto ellos dan muelas y ellas caen convencidas y motivadas por las argumentaciones de ellos. Esto ha servido para adiestrarlas a ellas en la prevención del sida por ejemplo. Ante ofertas de que se requiere una prueba de amor a través de la actividad sexual y se ponen en riesgo de; VIH, por citar un caso. 

En realidad lo que parece es que el hombre es mas instrumental en su lenguaje y emociones, es mas de la practica por eso se hace selectivo en oir lo que le interesa o en decir lo que va dirigido a sus intereses, ella por su parte dice lo que le interesa dentro del paquete argumentativo con que se comunica.

Todas al tiempo se quejan de te lo dije hace días pero es que cuando yo te hablo tu no me pones atención. Sigue en el campo de las neurociencias.Las alternativas tendrán que ser negociadas y no dejarlas en manos de la ciencia sino de las emociones. Bastara con reconocer las capacidades y deficiencias de genero y de personas para hacer que el dialogo racional, emocional, retome las cosas centrales para poder conservarlas y que el no se escude en sus realidades ni ella se ofenda en      

''T​ransmisión de Valores en la Familia''

lunes, 14 de marzo del 2011 a las 14:13
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    Ponencia a ser presentada en la escuela de Padres del Colegio Loyola. 16 marzo 2011                                                                                                    Dr. Miguel Suazo.

 

Introducción.

Solamente pensar en el título de esta ponencia nos genera un sentimiento de complejidad. Hay tres variables  duras en él  “transmisión, valores y familia”

Son duras porque en las tres el contexto histórico, es decir el día que estamos viviendo, lo que ocurre ahora mismo, cuestiona a las tres variables. Si antes decir familia era una afirmación redundante porque todos sabíamos de qué hablábamos hoy no. Si antes decíamos valores todos sabíamos de qué hablábamos, hoy no. Si antes era un imperativo decir que había que “transmitir” valores a la familia hoy también se cuestiona si debemos transmitir solamente o si el reto es  construir.

De antemano estoy advirtiendo que nos hemos puesto una tarea difícil hasta de conversar para un período de tiempo tan estrecho. Es un tema muy hermoso pero muy complicado.

LOS VALORES

Vayamos por partes: Los valores son creencias, normas, cualidades, principios, estimaciones, que no han estado exentas de debate y de desacuerdos. No me meteré ahora en ese laberinto histórico pero me basta con decir que no siempre ha habido acuerdo sobre ellos. Unos decían que eran objetivos y se definían en sí mismo. Ejemplo el bien. Hacer el bien. Si hice un acto bueno el valor es obvio, es objetivo. Otros dijeron que es subjetivo y que sirve de medios para lograr un fin personal. Si hago el bien solo a mis amigos, el valor está presente, pero pierde universalidad, discrimina. Entonces el valor sin contexto sirve o no sirve?

LA FAMILIA 

Hasta hace algunas décadas el modelo de  familia era único y deseado. El  padre sale a trabajar, la madre cuida de la  casa y los niños y había que tener cuidado y atención para que estos no vieran televisión después de las 10 de la noche porque habían películas que podían ser de amor y besos, cosas de adultos, habían modelos de artistas a los que los jóvenes querían imitar en el pelo, baile, vestimentas.

Cambio el contexto y cambio la familia. La mujer se empodera de su rol como persona, se profesionaliza, sale a trabajar igual y a veces más que el hombre, se globaliza el mundo, se pasa de sociedades de códigos morales únicos a códigos morales plurales y ya la televisión local no es problema,  ya casi ni la vemos, porque llego el cable, el internet, el celular, el BB el Ipod y ahora después del IPAD uno el dos.

En esa época de la televisión todas las películas y novelas tenían un “Happy end” un final feliz y el bien triunfaba sobre el mal, la ley sobre las inconductas, pero hoy con la apertura el final feliz puede estar en cualquier mano, no importa de qué lado esté la justicia, lo que importa es cómo se venda lo que se vende, sino que lo diga “el cartel de los sapos” en que terminamos identificándonos con el modelo de vida de los narcos o la publicidad de Sobeida, al decir de un entrevistado en nuestra televisión local y a medio día “esa mujer está demasiado buena para estar presa”

Si antes cuidábamos de no tener dos televisiones para no separar a la familia y comer o cenar juntos, ya esto no es posible porque no todos estamos a esas horas, y segundo porque cada quien individualizo su vida en el mundo mágico de la tecnología. La globalización por un lado y los códigos morales plurales lanzan nuevos retos al mundo de los valores. Ya no está tan claro que es un valor.

La familia creció con estos aparatos de por medio, que no son malos, sino que nos colocan a las puertas de una nueva cultura que implica diseñar nuevas estrategias para que participe la misma familia de nuevas maneras.

TRANSMISION DE VALORES

Qué debemos transmitir? Al cambiar el contexto, cambian los valores. Si el diálogo y la comunicación debíamos ejemplificarlas fomentándolas en casa, al haber más trabajo y compromisos, más distancias, más vehículos y más tecnología no es posible pensar que la transmisión de valores se hará de la misma forma que se hizo con nuestras generaciones.

Estamos frente a un reto cultural de redefinir las tres variables y a Uds. les ha tocado ser padres ahora. Con retos de ahora. Con nuevos contextos de desarrollo. No se crean ser los afectados, Cada época tiene retos propios y graves. Los de ahora solo son otros, se es padre igual que antes, con nuevos retos pero con menos instrumentos para hacerlo, porque hay crisis de valores.

No están perdidos. Los valores no se pierden, se transforman pero también se confunden y en este momento ambos elementos están presentes: transformación y confusión.

 

LOS ACTORES. SU HISTORIA

Lo más importante en valores, transmisión y familia son los actores, en este caso: los hijos por un lado. Los padres por el otro y los medios de socialización como medios.

Los hijos siempre han sido los hijos, la descendencia de una pareja unida por algún tipo de vínculo y la consecuencia natural de la tendencia a perpetuar la especie.

 El desarrollo biológico es el mismo, poco más o menos llegan las hormonas en una edad determinada, crece el cuerpo, cambian las emociones, se alborotan los sentimientos, hay agresividad, rebelión frente  a la autoridad. Podríamos decir que esto ha sucedido siempre con algunas diferencias. Lo que los hace distintos es el CONTEXTO DE DESARROLLO en el que esto sucede y esto hace crisis en las familias porque padres nuevos, con esquemas viejos (en los que fueron criados y que fueron válidos) y contextos nuevos es igual a CRISIS.

Si chequeamos la historia de la humanidad el desarrollo biológico es más o menos el mismo, mas el cambio de contexto y las nuevas variables antes señaladas son distintas, nos generan nuevos retos, surgen nuevos valores y requiere de que los padres los estudiemos, los conozcamos y nos preparemos para poder responder con nuevas estrategias educativas de manera que sin satanizar los avances y los cambios culturales impongamos nuevos tipos de valores que son los mismos en esencia con los que nos educaron a nosotros pero montados en otras plataformas que nunca soñamos que existirían.

Tenemos como experiencia vital que siguiendo un patrón clásico la educación familiar ha sido modélica, o sea  somos niños, nacimos en una familia, nos educan, recorremos todos los ciclos de la escuela, nos profesionalizamos en la universidad, o técnicos, u oficios y terminamos preparados para la vida, sabemos de qué vamos a vivir para  no pasar trabajo.

Pero el principal trabajo que pasamos es cuando queremos repetir el modelo, tener hijos, ser una familia, educarlos, prepararlos para la vida y que no pasen trabajo, pero….. no hubo universidad ni aprendizaje para ser padres. Entonces cada generación tiene un encuentro con lo ya conocido, niñez, desarrollo, cambios hormonales, reacciones sicológicas, pero………en un contexto completamente distinto al que nos tocó vivir en nuestro momento. Entonces inventamos, recreamos nuestros modelos educativos y generalmente fallamos, o por lo menos no siempre quedamos satisfechos nosotros mismos.

 

Por qué fallamos?

Porque el contexto es nuevo y nuestras propuestas son viejas en muchos casos. Por eso se nos recuerda de manera amorosa que eso era en nuestro tiempo, o más beligerantemente que estamos “quedaos”.

Cómo se explica esto?

Cada época tiene su contexto y cada generación de padres entiende que esta es más peligrosa que la anterior. De ahí que haya que poner más atención, mas controles, mas supervisión y no es que ello sea falso es que eso dijeron nuestros padres cuando el contexto en que eran ellos los educadores nuestros existía la politización y el compromiso social, el comunismo, la represión policial, las luchas estudiantiles universitarias, la popularización de la televisión, la pornografía, etc.

Falta de preparación y falta de comprensión nos hace padres inexpertos que tarde descubrimos que nosotros también vamos pasando de curso. Debemos ser expertos en educación infantil, cuando son niños, en adolescencia luego y como algo extraño que en la adolescencia depende de qué edad tengan.

Vámonos a la historia

El problema no es solo nuestro, bien de lejos. En el mundo de los griegos la niñez  ni la adolescencia existieron como tal, no tenían estatus y ello llevó a que hasta el siglo 18 no se conociera la adolescencia por tanto los niños eran vistos y tratados como adultos en miniatura y como tal se entendía que en el ciclo de la vida se pasaba directo a la adultez.

El paradigma de la madurez era la juventud (lo que hoy es para nosotros la adultez temprana, digamos los 30 años). Desde ahí ya viene la confusión de la niñez y la adolescencia y de que en el fondo queramos guiar como adultos a niños y adolescentes+

Tenemos como primer problema la confusión de roles, segundo el contexto de desarrollo de cada generación, la adolescencia por ejemplo  “no puede considerarse como un fenómeno de naturaleza fija e inmutable, sino que , como todo estadio del desarrollo humano, es un producto de circunstancias histórico sociales” (Dina Krauspkopf), Esto es el contexto de desarrollo.

El contexto actual es de tecnología  aplicada para el bien y el mal, de  drogas. Inseguridad ciudadana, corrupción a todos los niveles, mayor autonomía y libertades sociales, en ese contexto crecen nuestros hijos y allí expresan sus cambios históricamente naturales: desarrollo físico, síquico, sexualidad, etc. Allí confrontan sus cambios sicológicos, emociones, confrontación a la autoridad. Es lo normal, las conductas esperadas, lo distinto es el contexto de desarrollo donde les ha tocado vivir y ello trae asociado el necesario debate sobre el tipo de valores y la metodología con que debemos dotarles para que desarrollando y sintiendo lo mismo que desarrollamos y sentimos nosotros en nuestra época, puedan vivir y salir triunfantes.

CRISIS

La palabra crisis quiere decir “separar o decidir”. Dada la confusión histórica con la niñez y la adolescencia y su incomprensión los anglosajones y algunas escuelas europeas definieron el paso de la niñez a la adolescencia como etapa de “crisis”  pero como “tormenta y stress”. Se considera entonces la adolescencia como una etapa de turbulencia emocional y no lo dudo.

Unas etapas mal definidas, desacreditadas, un contexto de desarrollo diferente y unos padres y hasta algunos maestros con teorías desfasadas exacerban las condiciones normales de esa época. De ahí que se vendan como etapa de crisis de la que hay que tratar de salir a toda costa para llegar al modelo de la adultez, asumiendo que hay estará seguro, craso error.

 

ENTONCES QUE DEBEMOS HACER?

Me encanta el concepto de “escuela de padres”. Hay que aprender y estudiar para ser padres. Para hacerlo bien. Creo que con esta medida llevamos medio baile ganado.

Los valores van perdiendo posibilidades de permanencia si los seguimos viendo como un espacio donde solo son posibles asumirlos si los modelamos y transmitimos, porque ya dijimos que el modelo padre-madre muy cerca de la casa y de los tiempos no es real.

Hay estudios que miden la permanencia del valor y se sabe que hay mayor durabilidad en los valores que se construyen que en los que se transmiten. Dado que el contexto ha cambiado los padres no tienen el tiempo disponible que antes tuvieron y  ahora la construcción del valor se fundamenta en técnicas basadas en el diálogo. Un poco mayéutica diría yo, porque es un dialogo razonado para que cada quien saque desde dentro sus verdades.

No descartamos los modelos para transmitir valores, los reforzamos con la construcción para mantenerlos en el tiempo, de ahí que los ejemplos tienen que ser norte. Padres unidos, amorosos, que expresan sus quereres y su responsabilidades, pero ello no ha bastado para poner a nuestros hijos en la calle a confrontarse con otros modelos (más atractivos y tentadores) .

Sin lugar a dudas el lugar donde se construyen los valores son espacios pequeños y en el largo plazo. Ni mencionarlos. Esos son: la familia, la escuela y los medios de socialización elegidos por la familia (iglesia, barrio, clubes, grupos de amigos,etc)  

La receta no existe para todos los casos, hay excepciones, hay adolescentes turbulentos, pero nadie nace así. Hay que revisar que hacemos y cómo lo hacemos

 

 

Gracias

  eticabioetica.obolog.com

 

 

 

Con separacion de viernes

miércoles, 09 de marzo del 2011 a las 13:37
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En la tradición de nuestras costumbres occidentales, sobre todo, se ha marcado un modelo de unión de parejas que han recorrido un tránsito por el cual se conocen, se relacionan, establecen el tipo de vínculos que se permitan entre si y finalmente optan o por vivir bajo un mismo techo sin reglas legales establecidas o estableciéndolas a través de vínculos religiosos (matrimonio religioso) o por vía legal (matrimonio civil). 

El matrimonio, antes soñado como una unión romántica, de amor, indisoluble y hasta que la muerte los separe según la doctrina y de común acuerdo según la ley, se fue complicando y los intereses le llevaron a que la ley lo contemple como  una sociedad conyugal, mientras la fe sigue adornándoles con el sacramento, el vestido y velo blanco y el festejo.

 Una sociedad conyugal suena a una empresa, a una compañía por acciones sobretodo cuando empieza a poner cláusulas que describen si en esa sociedad estarán compartiendo todo lo que ya tienen o traen al matrimonio y lo que dentro de el consiga uno de los dos por vía de trabajo, donación o herencia. A esto le llaman separación de Bienes e implica unos niveles de diferenciación entre amor y bienes materiales;

 Dejemos ese pleito a las iglesias y a los jueces y veamos que otras separaciones han surgido de este modelo de manera graciosa: las parejas que se unen y entre sus cláusulas queda establecido “la separación de viernes”.

 En esta modalidad queda implícito que se compartirá una relación amorosa, de parejas pero manteniendo espacios separados que de manera elegante asumió el nombre antes mencionado.

 Si me preguntan si eso es bueno o es malo, creo honestamente que ni lo  uno ni lo otro, todo dependerá del alcance del articulado. Toda pareja necesita compartir sus vidas de manera plena. Por algún tipo de afinidad decidieron vivir juntos, casarse, unirse, pero de ninguna manera hicieron un contrato de siameses, o sea personas que tienen necesariamente que compartir las 24 horas del día sin tener individualidades, privacidad, derechos a tener amigos y amigas con quien departir.

 Lo terrible es cuando la “separación de viernes” implica convertir la privacidad en un “territorio libre” sin límites, con permisos para todo, de soltería por 24 horas, porque establece peligros a la permanencia y sobre vivencia de la vida de pareja. Ciertamente algunas parejas lo ponen también en sus reglamentos, saben de esas libertades y las asumen concientemente, en ese caso hacen un ejercicio de su libertad, estrenan nuevos modelos de vida de pareja, son comportamientos acordados, nadie le miente a nadie.

 Que derecho tenemos a enjuiciar la moralidad de  estos acuerdos? Creo  que los mismos que tenemos al valorar la separación de Bienes de aquellos matrimonios que dicen nos queremos tanto, pero lo bienes no entran en el trato, el negocio es aparte. Otro ejercicio de libertad.

Si ahora la pregunta es sobre la moralidad del acto respondo negativamente, porque amor implica entrega, individualidad en una vida que se comparte  entre dos, o sea somos un par que tiene vida propia y que ha decidido compartir por mutuo acuerdo.

 Tener individualidad implica que no he renunciado a la vida de relación, con mis amigos que no necesariamente son  de la pareja, porque los había adquirido antes o quizás después, porque tienen puntos comunes de coincidencia como el trabajo, los estudios, el deporte, los intereses y ello no implica que el o la otra no sepa con quien se anda aunque este o esta no participe.

 El riesgo de la separación de viernes es que llegue a romper los límites de la confianza, el respeto y la comunicación entre los apareados. De ahí que no podamos satanizar la expresión, porque muy bien podría haber un día o un momento acordado para que cada quien visite o se reúna con sus grupos originales, amigos o amigas, familiares. Ello permite el crecimiento de la vida de pareja y de la vida individual.

 Hay parejas tan absorbentes que rompen el mundo de relaciones de su pareja, hacen  que se olviden de los amigos, ambos trabajan juntos, comparten tanto que la monotonía les lleva a romper la relación en un momento determinado o a vivir una vida aburrida que llega a perder la posibilidad de tener temas para conversar. Hay parejas que cuando rompen, uno de ellos se encuentra desconectado del mundo, no sabe como ir a los sitios, qué hacer, no tienen amistades , perdieron el vinculo relacional.

 La separación de viernes es propio de la modernidad, un poco de chiste y un mucho de verdad, que debe ser sopesado para no negarla ni convertirla en un modelo radical. Cada pareja debe contribuir al  desarrollo de ese ejercicio de libertad que haga tan independiente al otro que le haga sentir la necesidad de estar junto a su media naranja

 

 (Publicado en la Revista Rexpuesta)

La dignidad humana en la asistencia sanitaria

viernes, 28 de enero del 2011 a las 14:01
guardado en

(Ponencia). enero  2011

Introducción

 Ante todo quiero agradecer la distinción que me ha sido otorgada al asignarme un tema de tanta importancia y vigencia en el panorama del ámbito de la salud, en especial en nuestro país.

 Un tema que sin lugar a dudas es uno de los más conflictivos en el debate del mundo de la ética. Hace poco me decía un joven estudiante de medicina en mi cátedra de Bioética en el Intec que de todas las asignaturas cursadas hasta el momento esta era la más difícil, ya que las de orden técnico al final requerían aprendizaje y aplicación mientras que esta que se mueve en el ámbito moral camina en terrenos de la incertidumbre.

 El joven tiene razón pero su edad y sus inicios por el mundo de la medicina le impide ver que tanta razón tiene, más de la que alcanza a ver en estos momentos.

 El título asignado ya implica debate. La asistencia sanitaria es colectiva desde el punto de vista de las políticas de salud y la tradición nos señala la “dignidad” como algo individual, primer problema detectado y no hemos empezado aún.

 Analizaremos el tema desde 3 vertientes:  Los antecedentes, los aportes de Kant y el tema propiamente dicho “la dignidad en la asistencia sanitaria” y de manera especial en la Republica Dominicana

 

  1. 1.      Antecedentes.

 La palabra “dignidad” nace en la antigua Roma apoyada en un concepto individual al cual se llegaba por vías muy claras: herencia por tener ascendientes en la nobleza, por ser parte de ella o por pertenecer al Senado. Es decir ligado a la autoridad pero debía ser acompañado de una vida adornada por la rectitud moral. El caso es que era una conquista personal a la cual se podía llegar, la cual se podía perder y restituir de acuerdo a esas condiciones de índole social, claro que ya esto indicaba su carácter elitista ya que no era una posibilidad de  esclavos sino de libres.

 El mundo Cristiano la asume y la coloca en una perspectiva religiosa ya que ante el reconocimiento de un Padre Divino amoroso reconoce la igualdad de todos sus hijos sin excluir su procedencia social, de  género o méritos. De ahí que la palabra “dignitas” fuera acogida como sinónimo o cercana al reconocimiento de “ser persona”, algo intrínseco a esa condición y solo establece diferencias con las no-personas o sea los animales, las plantas, las cosas, es un reconocimiento óntico, es decir del ser mismo.

 De esa tradición expresada aún recogemos sus marcas cuando escuchamos las presentaciones protocolares de funcionarios y personalidades reconocidos como “altas dignidades” o “altos dignatarios”

 Con esta visión religiosa entramos en un avance ya que el término se desplazó de la meritocracia individual de los poderosos y libres a un denominador común de los seres humanos, personas, con alma, por tanto dignos y llamados a ser libres. Son los mismos sectores de poder,  quien en un momento determinado de la historia busca definiciones y clasificaciones que les hace reconocer que hay seres que “no tienen alma”, como los indígenas, lo cual los excluye de la dignidad para poder ser usados como medios.

 De nuevo el poder elitiza el concepto de dignidad al llevarlo como posibilidad de todos los que tienen alma, para poder actuar contra ellos en virtud de su no reconocimiento como personas. Son las mismas instancias de poder las que establecen la clasificación de quiénes tienen y quiénes no tienen alma

  1. 2.      Los aportes de Kant.

 Este filósofo Alemán que vivió entre los siglos 18 y 19 es probablemente una de las personas que mas han trabajado este tema. Solo por reverenciarlo debemos precisar la distinción que hizo entre las cosas y las personas ya que la diferencia entre ambos la ubicó en la existencia de “dignidad en los segundos” y de precio o valor en las primeras, “las cosas valen y las personas tienen dignidad”.

 La dignidad según el no tiene valor relativo sino absoluto, que no puede nunca servir de medio sino como fin en si mismo, relacionando esta con la libertad para poder afirmar que solo los hombres en la medida de su racionalidad  y libertad poseen dignidad

 Aquí entran otras atenuantes la dignidad en función de la libertad lo que significa que la dignidad puede ser amenazada, de no haber libertad no habría dignidad y a la vez como un reto que hay que enfrentar contínuamente, ya que no basta decir que todos somos iguales en dignidad si en la práctica muchos viven en la indignidad, como cosas, como medios y se percibe el valor de la intersubjetividad, es decir la necesidad de poner en diálogo las dignidades de los sectores sociales y de las personas, por tanto no es tan solo un atributo personal

 En su visión deontológica la dignidad aparece como un deber con nosotros y con los otros.

 Con esta mirada panorámica nos vamos dando cuenta de que este tema dentro del sector salud, en la asistencia sanitaria encuentra una pista de aterrizaje que aún está por construirse.

 

  1. 3.      La dignidad humana en la asistencia sanitaria.

 Llegando al campo que nos ocupa en esta conferencia debemos partir de una propuesta de alguien autorizada y que ha generado grandes debates, la Profesora Ruth Macklin del departamento de Epidemiología y  Salud de la Población del Colegio de Medicina Albert Einstein en New York.

 Esta se opone al uso clásico del concepto de Dignidad por ser poco práctico en su aplicabilidad y propone usar el término ya asumido por el Principialismo Bioético de “Autonomía”, sin embargo esta propuesta en nuestras latitudes adquiere poco sentido en tanto la autonomía es relativa en personas que viven en exclusión, en pobreza extrema y en un contexto médico dominado por el modelo paternalista donde el médico en busca del mejor beneficio del paciente impone sus criterios aboliendo la posibilidad de que el enfermo decida, de que ejerza su Autonomía y menos pensar que sea libre, ya que previo a esto no ha vivido como valor el reconocimiento de su cuerpo como propiedad.

 Más aun las personas con autonomía relativa o disminuida, como aquellos alejados de su capacidad y competencia no podrán ejercer su autonomía sino que la delegan según las leyes del país y entonces ello implicaría que perderían su dignidad, cosa imposible en tanto que son personas. Pasaría lo mismo con los cadáveres a los cuales no se les reconocería dignidad en tanto no existen como personas.

 La misma Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos reconoce la dignidad humana como el referente para el desarrollo de la ciencia y la tecnología  al plantear en el artículo 3ero sobre Dignidad y Derechos Humanos lo siguiente:

 1. Se habrán de respetar plenamente la dignidad humana, los derechos humanos

    y las libertades fundamentales.

 2. Los intereses y el bienestar de la persona deberían tener prioridad con respecto

    al interés exclusivo de la ciencia o la sociedad.

 Surgen nuevas dimensiones desde la UNESCO pero partiendo del presupuesto de que ya la dignidad existe y reclama respeto tanto a esta como a la autonomía. Quizás es aquí donde debemos situar los retos de la atención sanitaria en el país.

 Para poder hablar de la Dignidad como algo intrínseco del ser humano, identificarla y poder pedir que sea respetada debemos ponernos de acuerdo en cuáles insumos necesita nuestro sistema de salud en esa perspectiva. Quizás el llamado de alerta de la Dra Macklin nos lleve a entender que la vaguedad del término nos ha mantenido repitiéndolo mucho pero haciendo poco.

 Hemos  avanzado mucho en las tecnologías y las estructuras sanitarias, pero yo que vengo del mundo académico conozco de las debilidades en la formación de nuestro personal de salud en cuanto a los contenidos bioéticos que son en esencia la base y posibilidad de poder reconocer la dignidad humana.

 No sabremos si todos estamos hablando de lo mismo ni podremos de hablar de un reconocimiento pleno de la dignidad de los enfermos:

a)  Mientras nuestro sistema de atención no haga conciencia de que el modelo paternalista de atención fue producto de la época de los Griegos, donde cargados de buena intención la toma de decisiones descansaba en las manos de los médicos no del paciente, por tanto el poder era el elemento predominante y ya vimos que la dignidad era de los dominadores, era la dignitas de los nobles,  por tanto no era una preocupación médica ni de la medicina, el bien era concebido como obligación, tanto que se aceptaba que con tal de hacerlo  no importaba que fuera impuesto.

 b) Si nos movíamos entre los siglos V y X  ac podríamos decir que era una expresión de la época, pero que mantengamos  con movimiento este modelo  en estos tiempos y en este país significa que nuestro mayor reto en la atención sanitaria esta en su humanización.

   Y no es que el sistema no lo contemple ni que el personal de salud esté deshumanizado, es más bien que aun carga con un modelo antiguo, correspondiente a éticas deontológicas fundamentadas en el  DEBER como absoluto en una época de avances tecnológicos y científicos que generan nuevas  incertidumbres morales en su acontecer, pero con personal carente de una actualización de los conceptos del bien y de la responsabilidad de las personas como propietarias de su cuerpo con la toma de decisiones y sus definiciones del bien.

 c) La bioética parte de preguntarse y responderse sobre “Quién es el dueño de cuerpo”. El tema de la propiedad del cuerpo es fundamental para que los  gerentes del sistema de salud comprendan que solo son gerentes del sistema sanitario mas no del cuerpo de los enfermos.

 En la comprensión de este Principio reside el Principio de la Autonomía.

Se cambia la llamada relación médico –paciente por una nueva versión donde los profesionales pasan a ser acompañantes de procesos cuya decisión reside en el enfermo competente.

 En este momento cambia el paradigma histórico y ya los profesionales de la salud no serán más aquellos predestinados de los que habla Platón en la República como elegidos por los dioses para mandar y los enfermos para obedecer sino que han estudiado para acompañar científicamente en el proceso de la enfermedad las decisiones que el dueño del cuerpo asuma o delegue.

 d) Sigue la bioética aconsejando la instauración de instrumentos como el denominado “Consentimiento informado”, donde existe el compromiso de informar al enfermo sobre todos los elementos propios de su enfermedad, los componentes que deben implementarse para su diagnóstico, es decir explicar en qué consisten los estudios indicados, riesgos, beneficios, pronóstico, tratamientos posibles, etc para facilitar que el enfermo decida entre las opciones o igual rechace participar en los mismos

 e) La Toma de decisiones es el principal  componente moral de este proceso, ya que un individuo capaz y competente que asuma  sus decisiones y se les respeten las mismas es un indicador de que se reconoce su Autonomía y Propiedad del cuerpo.

 Los Principios que tiene que enarbolar el enfermo y que debemos respetar los médicos son el de Autonomía y Beneficencia que expresan el derecho del enfermo a decidir y a definir el concepto del bien y de lo bueno.

 Operativizando estos principios podemos entonces retomar el tema de la dignidad, ahora si podemos pensar en que estaríamos caminando a la construcción de un modelo sanitario fundamentado en el respeto y en el reconocimiento de las personas como fin en si mismo, lo otro es discurso que utiliza a las personas, que los convierte en medios

 Al decir de Kant la persona es fin en si mismo, no un medio para llegar a algo. Así pues la asistencia sanitaria requiere de estructurar un proceso de formación del personal de salud con las estrategias y contenidos propios de la bioética que se fundamenta en el método de la deliberación moral.

 No hay vías discursivas posibles que hagan que los responsables de la asistencia sanitaria asuman la dignidad humana como categoría.

 No hay decretos ni normativas que obliguen a tratar a las personas que acuden a los servicios como seres humanos con dignidad

 La queja histórica de los servicios de salud públicos y privados descansa en el fundamento de que todo el personal de salud ha sido y sigue siendo formado en un modelo  paternalista   fundamentado en la búsqueda del bien (del bien que entiende el profesional), y en la toma de las mejores decisiones que las  consigan (decisiones del profesional), opacando la libertad y la autonomía por tanto ignorando que estamos tratando con seres humanos con Dignidad

 

 

 

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