Etica, transparencia y acceso a la información pública
Introducción
Estamos inmersos en un compromiso grande, el de hacer que las leyes se motoricen y se conviertan en agentes de la transparencia. Cada vez más nos vamos alejando del norte de la moralidad pública como fundamento .
Las consecuencias han promovido sociedades individualistas y el que cada quien se "salve como pueda" va siendo norma de vida. Los estados han perdido credibilidad popular de que pueden ser redimidos y queda más cómodo que cada quien se arrime a las posibilidades del poder para obtener "lo suyo".
Entendemos que nos quedan pocas posibilidades de retorno, que estamos urgidos de no fracasar como generación pública. De lo contrario estaremos dejando el legado de la quiebra moral a nuestros hijos y nietos y un camino sin retorno donde los más aptos tendrán que abandonar e huir de su lugar de origen para vivir en lugares más civilizados, ya que en los propios imperará el caos y la barbarie.
Queda un último chance de volver a la moral pública, de hacer "la revolución moral" y han colocado esta responsabilidad de época en nuestras manos.
Con esta intención exponemos estas modestas reflexiones que vinculan instrumentos como el acceso a la información pública, con la transparencia y el fundamento ético del ejercicio del servicio público.
La transparencia
Un material es transparente cuando deja pasar fácilmente la luz a través de su estructura y permite ver lo que está del otro lado. Esta realidad física se extrapola en las sociedades y se convierte en aspiración, deseando que las actuaciones de los seres humanos sean tan diáfanas que no tengamos que suponer o que sorprendernos con los resultados, que se pueda ver su contenido desde cualquier lado.
El quehacer humano llevado al campo del servicio público adquiere connotaciones de enjuiciamiento moral cuando este se mueve en el rango de lo correcto o de lo incorrecto, de lo bien hecho o de lo mal hecho. Todos aspiramos a un estado transparente que sea el asiento de las acciones de sus servidores. Aspiramos y apostamos a un estado moral.
Lograr la transparencia como forma de acción habla de la moral, es decir del comportamiento bueno. Actuar bien es un valor y la moral se nutre de valores. Cuando todos actuamos bien en un grupo decimos que ese es un grupo moral, si actuamos siempre bien decimos que hay una cultura moral que responde a unos postulados éticos.
Hubo una época en algunos de nuestros países, como en el caso Dominicano, en que todo el sistema de salud pedía a gritos a la iglesia católica que pusieran la administración de los hospitales en manos de las "monjas, por que ellas no roban", es decir se entendía que fuera de un conglomerado religioso no era posible ser honestos ni actuar de manera transparente.
Cierto es que esa visión era el reflejo de la prevalencia de un código moral único, fundamentado en raíces religiosas y de orden católico donde la moral era confundida con religión, por tanto sus actores oficiales emblematizaban la moralidad y eran el referente obligado en esos fines. Su opuesto implicaba que quienes no fueran religiosos formales, los laicos, salvo contadas excepciones no podían ser morales y peor aún si su incidencia estaba en el ámbito de la administración pública.
Esta visión pasó de manera colectiva al estado y ha sido tanto el escándalo y el mal hacer que se estructuró una "cultura negativa" que construyó una percepción de que no es posible ser honesto y transparente en el estado. Se llegó a acuñar que todo el que llega a los cargos públicos es para robar, es para sacar beneficios, tanto que la norma recomendada hasta por familiares y amigos de los funcionarios públicos es que aprovechen el tiempo que duran los cargos, para "hacerse" y ayudar a los suyos" y quién no lo hace es mal evaluado en algunos sectores .
No son los enemigos los que recomiendan estas prácticas, son los mismos amigos íntimos y familiares que antes levantaron banderas de pulcritud. Lo realmente grave es que esto llegó a convertirse en la norma y la mala práctica en la costumbre. Es un ejemplo fiel de cómo los hechos que se repiten se convierten en hábitos, mueven hacia un tipo de cultura y construyen una percepción que luego es muy difícil de desarmar.
El otro grave problema vino dado por el clientelismo y las ofertas de vida buena promovidas por las campañas políticas en procura del voto para conseguir el poder. Los candidatos y los partidos establecen sus diferencias cualitativas en sus ofrecimientos y en la medida que se acerca la fecha de las elecciones aumentan las ilusiones relativas a la felicidad que aportarían a todos, en caso de ser gobierno.
Lógicamente al llegar al poder nada de ello es posible, los recursos son escasos y mucho menores que las necesidades y el incumplimiento es la norma por regla natural.
" Detrás de los sueños frustrados o postergados sin término, se percibe una fuerte presencia del modelo de Estado de bienestar, el cual , queriendo ser omnipotente en la construcción de la felicidad de los ciudadanos, se fue enfrentando progresivamente a su impotencia frente a las crecientes demandas de los mismos, llegando al extremos de descuidar incluso sus responsabilidades básicas de justicia para con la población. El gigantismo burocrático, la corrupción desenfrenada, la ineficiencia en la administración pública, son la otra cara de una situación de precariedad y de malestar de grandes masas poblacionales que, no habiendo sido preparadas para distinguir entre los mínimos de justicia y los máximos de bienestar, siguen esperando pasivamente que el Estado continúe asumiendo el rol paternalista que le caracterizó bajo la guía del modelo del Estado de bienestar, otros muchos, que tampoco participan de los bienes y servicios básicos para llevar la vida que tienen razones para desear, se ven enfrentados cotidianamente a una situación sin horizontes alcanzables, optando por medidas extremas como la violencia y la delincuencia" Salas (2006: 38)
Esto hace que adquiera vigencia el postulado señalado antes, de no haber para todos hay que estar cerca de los funcionarios y de los cargos públicos para poder convertir en realidad particular lo que se ofreció como posible para todos. Ahí vienen los consejos de "aprovechar el chance", la oportunidad pasajera de ser funcionario público y empiezan por opacificarse los procesos .
De ahí proviene la cruda realidad de no poder satisfacer necesidades ofertadas por pertenecer al mundo de los máximos privados que son de construcción individual y corresponden a los de felicidad, la misma Adela Cortina ha señalado que esos no son máximos que obligan sino a los que se invita, los que si obligan son los mínimos de justicia y cada vez se hace más impostergable su aplicación.
Entre otras cosas, por estas razones la transparencia se dificulta, y por culpa de unos cuantos toma vigencia la percepción de que todos roban en el estado, o que no es posible ser honesto desde el estado y que no es posible ser ético y funcionario a la vez.
Ética y transparencia
Aquí empieza a vincularse el tema que nos ocupa. "la ética y la transparencia". Ethos es la palabra originaria de la que procede el término ética y se refiere a las "costumbres". Estas se forman de la repetición de actos que terminan llamándose "hábitos" y para que sean realmente éticos tienen que ser actos buenos, hábitos buenos y costumbres buenas. Así se forman las culturas buenas y malas según el sentido del empuje que le demos.
Ya antes los griegos habían advertido de que nacemos con una primera naturaleza, congénita, de la cual no somos responsables por que nos llega por vía de herencia pero que la segunda naturaleza se educa y es la que nos permite asumir los comportamientos buenos o malos de manera libre. Por tanto la educación nos debe llevar al mundo de los comportamientos morales referidos a la construcción de lo bueno.
Estos orígenes fortalecieron y fundamentaron el quehacer humano en base a la moral. El referente colectivo era la norma para la construcción de lo bueno y nadie osaba en dudar por ejemplo de un profesional ya que de principio se asumía que su intención siempre era buena. Lo mismo con el servicio que se brindaba a los demás y que en su momento se convierte en Estado.
Tanto los profesionales como los estados y los gobiernos perdieron credibilidad en el momento en que le fallaron al colectivo, en que les engañaron, en que les incumplieron promesas que sabían que no podrían cumplir una vez en el poder. Aquí nació la demanda profesional, el descreimiento en los políticos o en los partidos políticos y ha tenido que suceder una reestructuración moral de lo público para que en el futuro las nuevas generaciones vuelvan a validarlos.
En el estado lamentablemente los actos conocidos históricamente muchos han sido malos, ejercidos por malos administradores y en su entorno han crecido monstruos.
El reto que tenemos en la actualidad es el de poder demostrar que es posible y necesario, no exclusivamente por la valoración personal que podamos recibir sino porque estaríamos cerrando la posibilidad generacional de que los que vienen detrás de nosotros puedan construir una sociedad fundamentada en valores. No hacerlo sería una quiebra sin retorno de la sociedad.
La ética nos dirá que ante estas realidades la segunda naturaleza debe ser orientada hacía la construcción de hábitos buenos o virtudes y su opuesto a la evitación de defectos o vicios. Esto es lo que ha permitido a muchos decir que ya no es posible o que es difícil vivir en una sociedad dañada enseñando a promover virtudes y a evitar los vicios. Es una visión apocalíptica o Hobbesiana.
Desde el estado muchos piensan que esa tarea de educar en virtudes y valores es solo exclusividad de la escuela, por tanto de los ministerios de educación y no de nuestros más variados escenarios de trabajo, o que la moral es propia y exclusiva de las religiones como ya señalamos y explicamos, pero creemos que no es así y por eso estamos hoy aquí hablando de ética y transparencia desde el Estado.
La maestra Adela Cortina nos recuerda los cambios de la moral en las sociedades modernas y nos dice que hemos pasado de sociedades de códigos morales únicos o monistas a sociedades plurales, clarificando los mínimos que debemos compartir que principalmente de Justicia, por lo que es posible educar desde el lugar de trabajo, desde lo que hacemos, si todos entendemos que estamos llamados a trabajar por la construcción de esos mínimos de justicia,
Mínimos y máximos: Éticas de mínimos y éticas de máximos.
La historia ha sido otra y es que hemos enarbolado las éticas de máximos como propuestas sociales, tomando así el camino equivocado. Ya en la cita de Juan Camilo Salas pudimos ver sus señalamientos al respecto. Ofrecer soluciones individuales a las aspiraciones personales de cada uno de los ciudadanos de una nación corresponde a máximos que cada uno debe procurarse y que al convertirlos en oferta de campaña se hacen atractivos pero demagógicos.
Los máximos son aspiraciones privadas de felicidad y no de justicia. Máximos a los que ningún gobierno podrá satisfacer, ya que la felicidad es un constructo individual, no colectivo y ningún gobierno, presidente o ministro podrá satisfacer de manera individual dichas aspiraciones en cada ciudadano, independiente de su bonomía o de sus intenciones
Ante la incapacidad de brindar felicidad muchos de los que se ven cerca del poder de administrar optan por establecer mecanismos anómalos para construir su felicidad particular o las de un reducido grupo, pero vulnerando los mínimos de justicia que si son patrimonio exigible para todos.
Para lograr esto se crean todos los artificios que sabemos, se involucran a estamentos administrativos, judiciales, personales, se corrompe lo bueno, lo armónico, se pervierte lo bueno, es el fenómeno de la corrupción y ello implica que se opacifiquen los procesos administrativos amparados en la sombra del poder y la autoridad, que no se pueda ver a trasluz, que no haya transparencia.
Actuar por lo moral implica haber tenido un sistema blindado de valores personales, rodearse de un equipo que comparta en confianza estos valores y que esté dispuesto no solo a realizar su trabajo habitual sino a formar trincheras axiológicas para que motivados por los deseos de felicidad particular no perjudiquen al referente colectivo y sus mínimos de justicia.
Es apostar y ejecutar las acciones de lugar para defender la democracia. Defenderla no de los que antes la trastornaban con golpes de estado o cambios de presidentes o encaminados a la mano dura, es defenderla potabilizándola con la instauración de los "mínimos decentes" que nos permitan compartir un número determinado de valores.
A diferencia de esos máximos de felicidad existen los mínimos de justicia y a esto no se invita a estos se obliga, se imponen por medio de la ley y la coerción si es necesario, pero cuando vendemos ilusiones de máximos se encubren los mínimos de justicia.
Hace falta un Estado pulcro donde la relación de la ética y la política haya sido definido desde la ética de las convicciones y la responsabilidad de la que nos habló Max Weber y no desde lo posible, donde el dilema de la relación ética y política haya sido manejado desde la perspectiva de la ética de la política y no de la ética en la política, como nos señala Leonardo Boff:
"Existe el peligro de que se privatice la ética, es decir, que se discuta solamente la ética en la política y no la ética de la política. En otras palabras, no basta que haya políticos éticos, con virtudes personales reconocidas (ética en la política); lo importante es que prevalezca la discusión acerca de la ética de la política. Ésta trata del marco institucional que obliga a los ciudadanos a vivir ciertos valores fundamentales para la sociedad. Sobre todo importa discutir el carácter ético del proyecto político del candidato; en qué medida rompe con la tradición de privilegios que han caracterizado a la política brasileña y qué mediaciones usará para promover la justicia y la inclusión de los millones desposeídos. Éste es el nudo de la cuestión. Los ciudadanos tienen derecho a conocer los proyectos políticos de cada candidato y las formas de llevarlos a cabo. Ahí podrán ver su carácter ético o no ético" : http://www.redescristianas.net/2006/10/16/%C2%BFque-etica-va-a-prevalecerleonardo-boff/
Boff nos sitúa en el nodo del debate con un análisis local que hace en el contexto brasileño pero que vale para todos. Hemos construido unos modelos carismáticos fundamentados en la potabilidad de los candidatos y de los funcionarios pero no hemos educado en "el carácter ético del proyecto político" para poder evaluar la viabilidad de sus propuestas y su compromiso con la justicia para la construcción de una cultura política ética.
Nos hemos dejado arrastrar por los cantos de sirena de la política demagógica, desencarnada de propuestas viables, posibles y hemos llegado a exigir que se nos ofrezca lo que sabemos que no nos van a dar pero que necesitamos oírlas en el discurso y valoramos con votos a los que así lo hacen o sancionamos a los que no lo incluyen.
Hemos priorizado la ética en la política llegando a justificar con diferencias de que hay cosas que hay que hacer y permitir porque sino no, no se arriba al poder y si una vez arriba se cambiaran las reglas del juego a favor de la equidad y de la justicia distributiva, de una redistribución justa de los bienes podríamos entender, aplaudir e interpretar como un mal menor los mecanismos utilizados, pero en realidad no sucede así y nos conformamos con la presencia de las figuras carismáticas que son modelos morales y que son al fin y al cabo la justificación de la existencia de la "ética en la política", privatizando la ética, llevándola al espacio de lo individual y privado, lo cual torpedea la posibilidad de acercarla a los límites de una cultura ética en el ámbito de lo político.
Boff clama por introducir el debate de la "ética de la política", no centrada en figuras serias y prototipos de moral, eso es importante, pero no es la solución a la propuesta. Es dimensionar la ética de los proyectos políticos de los partidos más que de los candidatos. Conocer cuál es esa oferta de vida buena, su viabilidad y plazos.
Max Weber da características especiales al político para que pueda ejercer su profesión con objetividad, sin demagogia y desde proyectos viables "Puede decirse que son tres las cualidades decisivas para el político: pasión, sentido de la responsabilidad y sentido de la distancia" http://mibujero.spaces.live.com/blog/cns!B35C3FB8A2381EAD!2279.entry.
Exige poner el corazón en lo que se hace y a lo cual llama pasión pero asociado a una relación de correspondencia entre lo que se hace y sus consecuencias de manera que se piense desde antes en dichos eventos y la distancia como antídoto para evitar la embriaguez del poder y la vanidad. Es el sentido y la dirección de la política
En la medida en que la justicia como equidad, como acercamiento o ajuste al modelo ético sea diseñado y cumplido estaremos asistiendo a la creación de un estado creíble y no personas sobre calificadas por su moral personal (lo cual, insistimos, hace falta también) pero insertos en un sistema dinamizado por los telares de una política compromisoria con la injusticia, el clientelismo, la exclusión, el mesianismo y las felicidades incumplibles.
La justicia es equidad, es el tema de la distribución racional y proporcional de los recursos, según necesidades, es la llamada justicia distributiva, a cada cual lo suyo según su necesidad y esta es una tarea donde el colectivo tiene que ser identificado como el sujeto de la acción que realicemos.
Estos procesos se verifican dentro de la construcción de una democracia, imperfecta, frágil, pero que aparenta ser lo más viable posible en estos momentos. Ello implica no solo construirla sino defenderla desde las trincheras o nichos donde nos desenvolvemos, nos apoyamos en Adela Cortina cuando afirma "en efecto, según Rorty, el deber más imperioso que pueden tener cuantos viven en un país democrático consiste en intentar mantener y fortalecer la democracia". Cortina (2004:85)
Como vemos la tarea social es a la vez moral, lo social es exigible hasta por las leyes pero lo moral es una condición personal individual que nace de dentro de la persona y se convierte en fuerza. Un estado se podrá hacer moral no cuando las éticas de las convicciones se entronicen en el pensar y el hacer de los colectivos sociales sino cuando la ética de la responsabilidad se convierta en realidad
Lo moral y lo legal
Ante estas incongruencias señaladas como elementos disparadores de la corrupción y de la falta de transparencia, aunque no solo de ellas, surge un estado vulnerable y lábil que pone en juego la posibilidad de construir una democracia inclusiva, responsable y equitativa.
La intención responsable de un Estado comprometido lleva a la búsqueda de caminos nuevos que posibiliten el proceso señalado.
Estados como los nuestros tienen como deber apoyar en el espíritu de las leyes la consistencia axiológica de lo moral y ello se logra en la imposición de instrumentos y herramientas que posibiliten que establezcamos controles que monitoreen nuestro comportamiento.
Parecería paradójico pero es así. En Dominicana hubo de construirse un decreto puente para poder controlar las compras grado a grado para luego llevarla a ley, una ley de acceso a la información pública, para forzar a romper la cultura del secretismo y la no rendición de cuentas lo cual era norma en el funcionariado, un código de ética del servidor público, para obligar a hacer valer los derechos y dignidad de los usuarios, una Reforma del Estado para poner acorde con los cambios una dinámica estructura administrativa, por solo citar cuatro de las últimas medidas en que el gobierno sienta los pilares de la democracia. Medidas hasta cierto punto coercitivas porque señalan el bien hacer, lo imponen de manera coactiva y de no ser cumplidas se castiga por ley.
Estamos obligándonos ante una conducta de no transparencia a ser transparentes a la fuerza, bajo la auditoría de la sociedad y esto porque no hemos podido ser moralmente fieles a los mínimos de justicia y hemos sido presos individuales de los máximos de felicidad obtenida con el usufructo de los bienes de la sociedad.
Hemos desdoblado la moral en base a una cultura pervertida que plantea que en los escenarios privados somos capaces de ser transparentes y pulcros, porque allí hay controles, porque allí también se premia el bien hacer, pero hemos colaborado en la tarea de desmeritar el estado como lugares imposibles de hacer las cosas bien hechas sino es bajo el imperio de la ley. Es una paradoja, pero parece que ya no podremos volver de manera espontánea a regirnos por la moral sino se nos obliga por lo legal.
La contradicción estriba en que la ética y la moral no son punitivas sino propositivas, pero es evidente que por vía del discurso y la convicción no hemos logrado los adeptos necesarios para transparentar y moralizar la función pública y le reto que nos queda es la coercitividad de la ley. Es la garantía de que las próximas generaciones puedan retornar a la moral como fundamentación de su quehacer. Una de esas leyes que hoy nos ocupa es la de acceso a la información.
Las leyes de acceso a la información pública.
De no haber imperado el secreto como norma en la administración pública no hubiéramos tenido que recurrir a una ley que obligue a informar sobre todo lo que hacemos. Esta era una tarea que la habíamos dejado como una exclusividad de la prensa, de periodistas específicos que se salieron de la información clásica como la farándula, deporte, vida social para ahondar en las interioridades del mundo de la administración pública y se convirtieron a su vez en la voz pública de todos.
Como ley es un instrumento de control que señala ante todo el derecho a saber y a preguntar por parte del ciudadano y la obligación de informar y de responder por parte del servidor público. Esta Ley ha colocado la responsabilidad central de informar en los incumbentes de las instituciones, tanto que el responsable de buscar y dar las informaciones solicitadas depende directamente de éste en el organigrama institucional y las sanciones por denegación de la información conllevan sanciones a dicho funcionario principal.
Ha sido tanta la importancia de esta ley en los procesos de exigencia de transparencia que la misma ha tenido un vertiginoso desarrollo
Hace 20 años que solo diez naciones tenían ley de acceso a la información pública.
Al 2008 ya hay más de 70 países con ley de transparencia. En el continente Americano (habla Hispana) existe la ley en:
- l 1.Colombia
- l 2. México,
- l 3. Perú
- l 4. Panamá
- l 5. Ecuador
- l 6. República Dominicana
- l 7. Honduras.
- l 8. Nicaragua
En otros existe a nivel de decreto, pero en ambos casos son evidencias de la instauración de procesos de transparencia en el fortalecimiento de la democracia.
Es una obligación a ser transparentes por vía de lo legal, es una coerción que al dar resultado va creando una imagen de moralidad y contribuyendo a esa transparencia, pero lógicamente va a depender del grado de empoderamiento que logren asumir los ciudadanos y aquí encontramos otra arista del problema y es que la contraparte de lo que hemos dicho sobre el estado, la indiferencia ciudadana sobre las cosas que pertenecen al espacio público, en especial al Estado.
Ha sido tanta la distancia trazada entre ambos actores, el descreimiento y la falta de confianza que no existe una motivación propia y espontánea para que se ejerza una ciudadanía comprometida.
Las experiencias de los años 80 y 90 donde los sindicatos, grupos barriales, amas de casa, profesionales eran grupos representativos de sus sectores y contestatarios ante las realidades cotidianas fueron siendo superadas y se fue instalando una respuesta acorde con las provocaciones estructuradas por el estado, donde a las ofertas de máximos de felicidad ya no era necesario buscarle salidas colectivas y se fueron imponiendo las búsquedas individuales, la preeminencia de lo individual sobre los colectivo, claro que con las excepciones siempre existentes.
Esta realidad dio paso a un nuevo fenómeno o por lo menos lo exacerbó y fue la disminución de la presencia originaria de la ciudadanía de a pie y el crecimiento más corporativo de grupos de organizaciones no gubernamentales que se asignaron su representación intermediando en las funciones, con carácter más profesional, quizás con resultados satisfactorios en algunos casos, pero condenando al anonimato a los llamados a ser los verdaderos actores de la construcción de una ciudadanía representativa de esa llamada sociedad civil, para diferenciarse del estado.
Vale la pena recalcar que esos actores son también sociedad civil en la más clásica de las definiciones, la crítica es que sustituyan a los otros o que se asuman como sus representantes, porque en esa misma medida los segundos se continúan desentendiendo de su rol colectivo para la exigencia del derecho ciudadano, de desempoderan y se tornan cada vez más individualistas hasta llegar en muchos casos a una búsqueda desenfrenada de soluciones personales que pasan por la violencia, la delincuencia, incluyendo el mal mayor que hoy nos acompaña como compañeros de viaje, que es la droga en sus versiones de consumo y tráfico.
El reto moral es mayor porque toca de nuevo recomponer ese estrato ciudadano y recolocar a sus intermediarios para poder acceder a un conciencia ciudadana que sea contraparte de un estado que necesita de la exigencia y del apoyo, de un estado que va creando los instrumentos éticos de moralidad pero que en ausencia de controles y ante su historia de opacidad tiende a volver a sus cauces porque muchos funcionarios viven al igual que los ciudadanos la desilusión de no encontrar la viabilidad para obtener los máximos de felicidad que les fueron ofrecidos, pero estos a diferencia de los primeros, tienen en sus manos la posibilidad real de ejercer de manera individual la satisfacción de la misma y acuden a pervertir, a corromper y a corromperse en procura de sus estándares de vida buena y a su máximos de buena vida.
Como vemos hay un trabajo de construcción de ciudadanía que está por hacerse y de cuyo éxito depende la posibilidad de relacionar un proceso de moralización de la administración pública y el estado, a través de reforma y modernización.
Los mínimos éticos y la transparencia
La tarea básica en que debemos enrolarnos es la de compartir unos mínimos decentes que promuevan la justicia, como equidad, como no discriminación, como modelo posible de convivencia. Las sociedades se revelan no solo contra la pobreza sino contra las diferencias vergonzantes de los muchos con poco y los pocos con mucho. Ante la imposibilidad de que haya justicia distributiva real, los pueblos se levantan no solo con revoluciones sino con violencia de comportamiento, expresado en el desorden, en el incumplimiento de las normas básicas de convivencia.
La evidencia de que no reinan esos mínimos de justicia queda expresado en el caos que se refleja en el incumplimiento de la ley. Nuestros países son acusados de tener demasiado leyes, lo cual no es malo per se, lo malo es que no las cumplimos ni se nos exige cumplirlas en cuanto muchos viven su "buena vida " gracias al desorden institucionalizado.
La propuesta moral de la época
Estamos convocados como generación epocal a hacer bien las cosas en este presente o estaremos condenando al país y a las generaciones por venir a no tener futuro . De los modelos posibles que les enseñemos a las llamadas generaciones virtuales o por venir dependerá el mañana que se construya. El reto de la época no es tecnológico como se pretende afirmar de manera categórica, es ético, es de sentido, no es hacía dónde vamos, sino hacía dónde llevamos lo que estamos empujando o cómo vamos y esto amerita no solo de hacer bien lo que hacemos sino de hacerlo a la luz del cristal, de manera de que la sociedad reciba el beneficio pero también el ejemplo modélico de que no solo debemos hacer las cosas bien sino que es posible hacerlo siempre.
Es una tarea de convencimiento y de credibilidad de que desde el estado se puede ser decente y hacer bien lo que nos proponemos.
Los servidores públicos tenemos el mismo deber moral de hacer bien lo que hacemos, lo que nos cambia es el grado de responsabilidad, pero el deber es el mismo y cuando incumplimos, cambia el grado de responsabilidad pero la falta a la moral igual se llama inmoralidad sin importar el cargo que desempeña el servidor.
La ética es una y única y no importa que estemos en lo privado o lo público la exigencia moral es la misma, por eso no existe una ética que sea pública o que sea privada y urge romper ese mito porque es el que validad actualmente el que hayan conductas para lo público diferenciada de las de lo privado.
Se puede ser ético y transparente en cualquier lugar que ocupemos en la sociedad. Hoy nos corresponde apoyar el desarrollo de estos instrumentos legales que como la ley de acceso a la información pública sirven de medios para establecer las condiciones coactivas de ser transparentes.
Si la ciudadanía exige, somete a las instancias legales la denegación de información y los mínimos de justicia se cumplen sancionando a los incumplidores iremos generando una cultura de transparencia obligada, no movida por razone morales sino por el peso de la ley.
Terminaremos siendo todos utilitaristas si logramos hacer que estos procedimientos caminen.
BIBLIOGRAFÍA.
Cortina, Adela (2000) "La ética de la sociedad civil" .Editorial Alauda Anaya. Madrid. España.
http://www.redescristianas.net/2006/10/16/%C2%BFque-etica-va-a-prevalecerleonardo-boff/ 5-11-08
http://mibujero.spaces.live.com/blog/cns!B35C3FB8A2381EAD!2279.entry. 5-11-08
Salas, Juan Camilo (2006). "Ética para construir ciudadanía". Conare. Santo Domingo. Rep. Dominicana
RESEÑA BIOGRAFIA
Miguel Angel Suazo Báez. Es magíster en Bioética y dirige el Área de Ética y Transparencia del Consejo Nacional de Reforma del Estado (CONARE) de la República Dominicana. Tiene a su cargo la coordinación de la Unidad Especializada responsable de la implementación y monitoreo de la ley de acceso a la información (200-04).
El CONARE está ubicado en la Av. México. Edificio de Oficinas Gubernamentales. 6ta planta. Teléfono 809-6861800. Ext. 255. Correo electrónico: msuazo@conare.gov.do, drmsuazo@gmail.com.
Página : http://www.conare.gov.do/
RESUMEN
El artículo titulado Ética, Transparencia y Acceso a la Información tiene como objetivo presentar la relación existente entre dichas variables.
La idea es presentar de manera inicial cómo la ética tiene que servir de soporte a una conducta diáfana por parte de las instancias gubernamentales para poder llegar al objetivo de construir un Estado transparente .
Necesariamente hay que conocer las razones que perpetúan una percepción de que no es posible ser transparente y moral siendo funcionario o servidor público ya que la administración pública se percibe como una instancia coyuntural apropiada para que las personas satisfagan sus necesidades económicas de manera personal.
El tema de la ética en la política y la ética de la política planteada por Leonardo Boff , la visión Weberiana de la ética de la convicción y de la responsabilidad son abordadas como soporte fundamentacional de los comportamientos morales que deben servir de plataforma a un estado ético y transparente
Finalmente abordamos la importancia de la creación de instrumentos legales que amparados en la coercitividad de la ley nos impongan la posibilidad de retornar por los caminos de la moralidad. Aquí se inscribe de manera especial la ley de acceso a la información con la cual se conmina a los incumbentes de las instituciones a crear las condiciones para que fluyan las informaciones y se hagan transparente los procesos propìos de la gestión pública. El fortalecimiento de la ciudadanía aparece como un eje fundamental de la legitimación de estos instrumentos, pero de una ciudadanía que no excluya ni elitice intermediaciones corporativas, sino donde estos últimos y los actores populares de primera línea asuman en conciencia el papel de exigir transparencia, rendición de cuentas y un ejercicio moral de lo público
El tema de la ciudadanía se convierte en el eje central del debate en cuanto esta es la contraparte demandante para el cumplimiento de las leyes y las normativas por parte de los gobiernos. Se vuelve al ciclo del cumplimiento moral por vía de la imposición legal, pero ello requiere de alguien que se convierta en el guardián, que exija que se de cumplimiento y monitoree dichos procesos y evidentemente esto solo es posible si los ciudadanos se empoderan de manera conciente del derecho que les corresponde.
La tarea puntual es la de delimitar y establecer los mínimos morales o los valores básicos con que podemos vivir decentemente que en este caso está referido a la transparencia pública y a la implantación de instrumentos de regulación que exijan la diafanidad de la cosa pública. Tal es el caso de la ley de acceso a la información pública.
Para ello además de un ciudadano activo hace falta un servidor pulcro, un político ético, no por su carisma personal solamente sino por el diseño de un proyecto político ético que tenga como referente a las mayorías, a los excluidos. Un político que asuma los tres postulados Weberianos de poner a su accionar "pasión", "responsabilidad" y "distancia".




Comentarios sobre Etica, transparencia y acceso a la información pública
Miguel,
el tema es extraordinariamente importante, y la situación que vivimos preocupante. Siento que damos un paso hacia adelante, pero retrocedemos muchísimos hacia atrás. Definitivamente que la aprobación de la Ley de Transparencia fue un gran paso, pero qué difícil que quienes tenemos funciones públicas entendamos que dichas funciones son eso: "públicas", no "privadas". Que tenemos la obligación, no sólo moral y ética, sino por la razón misma del cargo a "informar" de nuestras ejecutorias, nuestras acciones públicas. Esa cultura de que el "cargo" es "mi cargo" es terrible y las más de la veces inmoral.
Otra cuestión es la de una cultura social que no exige, lejos de los intereses políticos particulares, información sobre lo que se hace con los recursos del Estado, vale decir, de los ciudadanas/os que pagamos los impuestos. Relacionado con éste aspecto hay incluso la necesidad de desarrollar, de promover una cultura de la divulgación y uso de la información. Personalmente me encuentro a diario, en la propia Secretaría de Educación, que muchas veces (la mayoría) se diseñan pólíticas, se toman decisiones sin contar con ello con informaciones, aún y cuando éstas estén disponibles. La Dirección General de Evaluación que coordino en la SEE, en su página web, tiene una gran cantidad de información sobre las evaluaciones y estudios que se vienen haciendo, incluso de las memorias de la propia Dirección. Sin embargo, son pocos los funcionarios que hacen uso de la misma, y muy pocas instituciones privadas y públicas, que se interesan por la mismas.
No puedo negar la naturaleza técnica de éstas informaciones, pero al mismo tiempo tienen implicaciones muy serias de políticas públicas.
Definitivamente que hay que realizar mayores esfuerzos por desarrollar, promover esta cultura de la información, no sólo para exigirla como medida de "transparencia", sino también como soporte de las decisiones que tomamos.
Saludos
Leo. Provenimos de una historia de opacidad y donde el conocimiento y secreto es un indicador del poder de quienes lo detectan. El principal obstáculo que enfrentamos en este trabajo es de índole cultural.
Lo que por siempre fue una norma validada ahora que mediatizada por una ley que obliga a ser transparente y muchos aunque no tengan nada que ocultar pierden poder al tener que abrir sus fuentes a la ciudadanía.
Por ahí hay una brecha importante de trabajo y la otra es que la ciudadanía se empodere (no la llamada sociedad civil solamente) y lo convierta en un derecho de las gentes para que se logre tornar el dar información como un deber de estado
Gracias por tus aportes. Esa es la idea de este foro.
Miguel